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martes, 13 de mayo de 2014

PASÁNDOSE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN POR EL RABO


«¡Y yo pasándome las opiniones del ministro del interior por el culo!»
«El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha anunciado este martes que ha ordenado a la Policía investigar los mensajes injuriosos que se lanzaron ayer en las redes sociales, principalmente en 'Twitter', contra la presidenta de la Diputación de León y del PP en esa provincia, Isabel Carrasco, después de haber sido asesinada.
"Hay que limpiar las redes de indeseables", ha enfatizado el ministro, quien ha defendido que al igual que es necesaria la seguridad en campos como la seguridad vial también lo es en Internet.
Fernández Díaz ha destacado que las Fuerzas de Seguridad del Estado cuentan con unidades en la investigación de este tipo de actividades y ha tachado esos comentarios como "actos de apología del delito y del odio".
Ha recordado que hace pocos días la Guardia Civil realizó una operación contra una veintena de personas acusadas de enaltecer actos de terrorismo y menospreciar a las víctimas.
El ministro ha hecho estas declaraciones tras presidir el acto de conmemoración del 170 aniversario de la Fundación de la Guardia Civil en la localidad madrileña de Valdemoro.
El portavoz de Sanidad del PSOE en el Congreso, José Martínez Olmos, ha urgido al Gobierno a regular las redes sociales "ante la catarata de comentarios indignos que muchas personas desalmadas vertieron en las redes sociales".
Por su parte, la concejala socialista de Vilagarcía de Arousa Susana Camiño ha dimitido este martes después de haber escrito en su cuenta de Facebook: "Prefiero no comentar pero quien siembra vientos recoge tempestades".
La presidenta de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), Elsa González, ha pedido diferenciar "el periodismo de las redes sociales" tras el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, ya que, a su juicio, "en ningún medio de comunicación hubiese pasado lo que ocurrió ayer en las redes sociales", en alusión a las reacciones que se sucedieron después de este suceso.
Por su parte, el exjuez Baltasar Garzón ha calificado de "sorprendente" que el Ministerio de Interior "dedique esfuerzos a investigar" lo que se dice en las redes sociales porque en caso de que se lancen informaciones "injuriosas o calumniosas" quienes deben actuar son "quienes se sientan agraviados". "No creo que sea lo mejor que puede hacer el Ministerio de Interior en este momento", ha dicho.

 Alonso: Twitter "se está convirtiendo en un lugar poco recomendable"



El portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, ha expresado la repulsa y condena del grupo parlamentario popular por el asesinato de Carrasco, que -ha dicho- ha sido víctima de la "sinrazón". Alonso ha hecho estas declaraciones a los periodistas en el Congreso antes de la reunión de la Junta de Portavoces, tras la que viajó a León junto con el secretario general del grupo popular, José Antonio Bermúdez de Castro, para trasladar el pésame a los familiares de la fallecida.

El portavoz del PP en la Cámara baja ha explicado que este crimen ha provocado una gran "consternación" entre los diputados, particularmente los que más habían trabajado con Carrasco en Castilla y León y todos los que la conocieron. "Ha sido víctima de la sin razón y desde aquí mandamos un mensaje cariñoso a la familia y nuestro pésame, que también tendremos ocasión de dárselo personalmente", ha señalado.

Asimismo, ha censurado algunos comentarios "inaceptables" que en algunas redes sociales se están haciendo sobre este suceso: "Hay alguna red social que se está convirtiendo en un lugar muy poco recomendable", "no voy a darles más cancha, creo se califican a sí mismos", ha dicho. No obstante, ha añadido que España es un país solidario de "gente buena" y que cuando se produce un crimen de esta naturaleza el "sentimiento es de repulsa en toda la gente que importa"
Fuente: Público.es


¡Jajajajaja! Lo que nos faltaba ya!!! Vamos que encima va a estar penado alegrarse de una defunción, con lo bonito que es la muerte, te libras por fin de todos los problemas mundanos y alcanzas el paraíso terrenal y vivirás feliz el resto de la eternidad. No lo entiendo, si ellas son también ultracatólicas, como yo, y la ley de Dios dice, creo recordar de cuando iba a la catequesis, que daba un sacerdote muy amable y cariñoso con los niños, bueno con unos más que con otros, pero era majo, y entre nosotros, estaba muy bueno, tenía un pollón, o al menos, yo que por entonces era muy chiquito, me parecía enorme y me quedaba petrificado mirándosela cuando me acompañaba al baño y se ponía a mear a mi lado y tardaba media hora en escurrirla y aquello iba creciendo, a él debía de gustarle enseñarla porque meaba desde lejos y era imposible no vérsela y además como le iba creciendo para mí era como magia potagia, y me decía que si me la metía en la boca aún le crecería más, y se empeñaba en que lo hiciera, pero yo no era muy atrevido y como por entonces no tenía una bocaza como ahora pensaba que si me metía aquello se me podía quedar atascada y luego qué... A qué venía esto? Ah, que muy mal, estos del PP son tan hipócritas que van de superreligiosos pero luego no tienen escrúpulos ni nada a la hora de incumplir los mandamientos de la ley de Dios. Claro, ya lo entiendo, como son tan malos y pecadores, tiene miedo a la muerte porque saben que se pasarán el resto de la eternidad ardiendo en el infierno. Qué pena de humanos, que futuro tan ardiente les espera. Yo como soy bueno estoy deseando morirme para pasarme el resto de la eternidad viviendo sin trabajar, y encima sin cuerpo que alimentar pero viviendo en un estado perpetuo de felicidad tocándome los cojones que no tendré pero como tendré imaginación me imaginaré con unos cojones como los del toro de Osborne y unas grandes manos para tocármelos, o mejor imaginaré a todos esos políticos a los que la vida les ha hecho robar, cometer adulterio, joder la vida a los ciudadanos, y subirnos los impuesto y bajarnos los sueldos, dejarnos sin derechos, y multitud de obligaciones, mentirnos, vamos a todos aquellos que nos han estado dando por culo estos años los obligaré a que me los toquen ellos pero antes haré que sean pequeños como duendecillos y que en vez de tocarme con sus manecillas me los laman y y se pasen por mi capullo utilizando sus lengüitas como si bajaran por un tobogán; todos políticos corruptos, curas pederastas, hijas de puta alcaldesas, o presidentas y presidentes de Comunidades Autónomas y toda la Casa Real en pleno.
¡¡¡Ay quiero morirme ya!!!
©Miguel Je 2014

martes, 27 de agosto de 2013

Hablando con mis muertos.



«Escribo para intentar explicarme lo que no entiendo.»
Miguel Ángel Muñoz

Jamás se me ha aparecido la Virgen, ni he tenido llagas de repente, ni he visto llorar sangre, pero lo que sí me sucede habitualmente es que me hablan mis muertos más queridos. No oigo su voz, pero los escucho en mi interior, me hablan pausadamente, son mensajes cortos -menos, incluso, de 140 caracteres-, claros, concretos y concisos. Mantenemos, a veces, breves conversaciones. Estos últimos días se me reveló mi madre varias veces. Casualmente ahora está aquí, leyendo lo que voy escribiendo, no dice nada, está atenta, mueve sus cristalinos ojos azules a la vez que voy añadiendo «hormigas» (caracteres). Cuando paro de teclear, para comprobar lo escrito, siento como sonríe y me dice: —¡Venga sigue, que me tienes en ascuas! Yo voy y me paro, y sin abrir la boca le digo que me apetece un cigarro.
—¿Acaso no has fumado bastante hoy? Su tono ha cambiado, se ha puesto seria, yo también. Me toco los labios con el pulgar, pienso unos segundos y le contesto: —Pues no… ¡¡¡«Only one»!!! 
(Rogándole). —Hoy es día 30 de diciembre del 2012 desde hace dos horas y media, y tu sabes que ha sido una sola vez. Vuelve a sonreír!!! —Qué «fulero» eres, non sei a quen te pareces? ¿A quén vai ser? A teu pai!!! -respondiéndose ella misma.
Yo ahora también me río y no me corto y le contesto, y eso a sabiendas que odia que le «conteste»: —Pues yo creo que me parezco más a ti, tú eres aún más pícara que yo. Bueno, ¿nos hacemos ese cigarro o qué? —Veña, sempre o foches e seguirás sendo un antoxadizo. ¿Acórdaste…? «Mina tero cereixas!!! Mina tero totós!!! Mina quero augardente!!!…» —Sí, vale, pero también le consultaba, le pedía su opinión: «¡Mina! ¿Levo a paxara ou non levo a paxara?»
Mi tía Herminia no sólo me habla sino que además desde que se fue allá por el 85 no me ha dejado apenas un momento, me ha cuidado y protegido toda mi vida; todavía de vez en cuando se mete en mis sueños y me cuenta un fantástico cuento de ladrones que nunca se acaba.

—¿He oído mi nombre? —¡Vaya, la que faltaba! Se lo dije cariñosamente, no creáis. —Pues yo no!!! ¡Estoy harta de tenerte siempre encima! Suelta mi madre con ¡una sorna!, y ah!!!, ahora que lo pienso, lo de estar siempre encima lo dice literal porque Herminia está en el último nicho, el tercero y mi madre en el bajo. —¡¡¡Qué estás cuchicheando??? Me dicen las dos a la vez y en esto que se escucha a mi padre malhumorado: —Estas no son horas… Shit! ¡¡¡Cona que o pariu a quen se lle ocurríu meterme no nicho do medio!!!
No recordaba que mi padre fuera tan mal hablado, pero sí que cuando él dormía quería que todos estuviéramos también durmiendo. Así que me voy a hacer un cigarro, como cuando lío un cigarrillo me concentro únicamente en lo que estoy haciendo pues pierdo sintonía y ya no sé si la volveré a coger, pero lo que sí sé es que pienso escribir lo que necesitaba explicarme. Ahora vuelvo!!!

Ya estoy aquí, entre humo verde, thinking in green… —¡Xa era hora! ¡Mira qué eres lento…! 
Mi madre siempre me ha vendido muy mal. Recuerdo cuando venía mi tía Oliva, su hermana más joven, y le decía que me llevara al pueblo pero que no me devolviera más porque «non pode ser mais trasto do que é». Rápidamente saltó Herminia con un acento cubano residual, que me sobresaltó, adquirido en sus años de juventud en La Habana: —No es lento, es meticuloso… Mi madre la interrumpió: —Lleva el mismo camino que el tío Pepe, se morirá de cáncer de pulmón de tanta fumeta. —¿Quién me nombra? —¡¡¡Oh, Pepe, cuánto tiempo!!! Dije conmocionado; mi tío Pepe que descansa junto a dos de sus hermanas Herminia y Manuela… —¡Oh, meu Miguel! Sé que te acuerdas mucho de mí. Ya ves aquí estamos todos juntos… Ah, antes de que me olvide tengo que darte las gracias por haber puesto mi nombre en la placa. Siempre supe que me querías a pesar de no querer nunca dormir conmigo… —¡Manuela! —Siempre te gustó la noche, viniste una noche, casi de madrugada a despedirte de mí a aquella maldita residencia de la Xunta, no sé cómo te dejaron entrar a esas horas, debían de saber que me quedaban horas. Me contaste lo mal que estabas, lloraste al verme tan débil, con tan poca vida ya, me acariciabas la cabeza sorprendido de mi poco pelo y tan corto… ¿Echabas de menos mi moño y sus horquillas? —¡Ya está bien, hoy es mi día! Hoy hace un año que resbalé es aquella jodida rampa, jamás pensé que me moriría de frío, jamás pensé que nadie me oiría pedir auxilio… Rápidamente le cortó mi padre: 
—Segunda, ahora ya sabes que hay que tener cuidado con lo que se pide, ya ves que puede cumplirse. —Xa, querido, pero eu cando decía que me gustaría morrerme nun accidente pensaba nun golpe que me deixara no sitio e non darme un bon trastazo e non poderme apañar pra salir da fodida obra. —Po lo menos dormicheste e non te enteraches de nada pero eu morría en vida cando non te encontrábamos. Estabas tola, tan presumida que non podías pasar sin pintarte os morros… —Estaba de pasarme, se non fora pola barra de labios sería por outra cousa. —Pero se tuveras cabeza non habrías ido sola, como una raposa. —Venga Segundo, no te enfades, que no estuvimos tantos días separados. —No te jode, haber venido a por mí tan rápido… —No te iba a dejar en esa residencia llena de lagartas. —As únicas lagartas eran as fillas de puta das monxas, que me quitaron o anillo e o reló que me regalou o Derick. —¡No me digas! ¿Y pretendéis hacerme una misa en unas horas? Me está hablando a mí… ¿Qué le digo…? —¿Qué te digo? Yo tampoco estoy de acuerdo, no es que odie a la iglesia, ni a los curas, pero simplemente no me interesan. Te podría decir que la idea no fue mía, pero tampoco expuse mi negativa. Sé que una misa no es lo mejor que te podemos ofrecer, ni lo que más te gusta, pero si al menos eso sirve para que nos reunamos tus allegados pues lo acepto, lo malo es que no todos pensamos lo mismo y hay varias deserciones, ya las verás o a lo mejor ya las sabes.
Bueno yo lo celebraré recordando anécdotas… He arreglado la casa, he puesto flores, aquí, no en el nicho, yo como tú: «las flores en vida». Bueno, ¿qué te parece? Cuesta y me cuesta decirte que si te pierdo me perderé, pero no te perderé, te cuidaré dentro de mí. Ahora no digas nada porque voy a hacerme otro cigarro. Shiiiii… ¡¡¡Qué te conozco!!!

(c) Miguel Je 2012

viernes, 5 de abril de 2013

ÁNGELES: CARBALLO & NOGAL



«He who cherishes a beautiful vision, a lofty ideal in his heart, will one day realise it.»


Leo





Saludos. ¿Qué dialecto ibérico domina usted?









Miguel





Perdone usted Mr. Guzmán, pero he de decirle que no domino un dialecto, domino la lengua Gallega!!!









Leo





aaahhhh…





Gallega!!! Deja ver si lo encuentro en el google translator......




—
 ¡Ola meu amigo e irmán!











Miguel
Mi lengua es últimamente demasiado hábil, estoy aprendiendo después de desaprender lo aprendido en tierras hostiles. Después del viaje astral de esta tarde, con el que he dado por finiquitado mi vida de ocultación, en esta mágica semana, vuelvo a resucitar al hombre que un día fui. Si el León ha muerto, Ángel Carballo vuelve a la vida pública, algunos temblarán al descubrir que no había fallecido, pues simplemente había estado meditando 12 años, y no, no había muerto asesinado por dos adolescentes de origen marroquí en Madrid, en el 2002, a las 0.30, golpeado con un adoquín de granito, en la céntrica plaza de las Descalzas Reales. Mañana reaparece junto a su antiguo grupo de Rock, en una pequeña sala de conciertos, precisamente en esa misma plaza. Pensarán algunos que había permanecido congelado pues en una sola semana he vuelto a tener el mismo aspecto que tenía esa noche de la desaparición. Milagros del Universo, padre de toda la existencia…









Miguel





Qué rápido aprendes hermano y a la vez amigo…














Leo





jajajaja, k loco





Me gusta.









Miguel





A tua xenética tamén e boa!!!





 De moi pequeno xa decía que de grande quería ser un tolo, y eso es lo que he llegado a ser: un simple loco, con un ansia infinita por aprender y compartir mi gran capacidad de amar…














Leo





Su genética también es buena!!! 





ajaja













Miguel
Nuestro padre el Sr. Guzmán está temblando de pánico ante lo que se avecina, él fue el que me recogió y me curó todas las heridas y ahora está feliz de ver que lo que esa noche le conté era tal cual……









Leo Guzman







Jajaja





En breve regreso… Si tiene algo que compartir, adelante mi estimado Miguel!!!









Miguel





Yo a cambio le regalé el paraíso con él que siempre había soñado, y que un día un mal hermano le robó; simplemente se lo regalé en tierra extraña, pero dice que es mucho más hermoso y está feliz, sólo tiembla de la emoción de ser consciente de haber llegado a la meta, que de joven se había marcado…


Estamos muertos muertos otra vez, otra vez… Siempre que me acuerdo de aquel año, el 2006, donde me suicidé dejando una nota… me pongo sentimental. Estamos muertos otra vez. Tiemblo con la idea de enfrentarme de nuevo… De enfrentarme a un día claro, como el que un día había dejado. Esta vez hemos sido nosotros los que hemos matado y el suelo se convierte en poesía, la sangre se quedó junto al banco quebrado, ahora inexistente y reconvertido en otro que ha tenido que ser rescatado por el ahora sucio dinero robado a los ciudadanos por un corrupto gobierno, y no a punta de pistola simplemente a tijeretazos en los derechos adquiridos con sangre, sudor y lágrimas durante siglos…









Miguel





Los muertos Manuel y Miguel ahora son Ángeles: Nogal y Carballo. Hemos de volver al punto de partida, pero ahora intocables, porque los muertos lo son. A los muertos que vuelven se les teme… Hartos de disfraces podemos volver a ponernos las mismas ropas, impolutas, impecables, impermeables al paso de los años.









Miguel





Galicia!!! El valor para marcharse, el miedo a llegar, nos dejaremos llevar hasta el mar donde los turistas ya no están. La corriente nos enseña el camino hacia el más allá. Volviendo al mar… Todos duermen, mientras nosotros soñamos con amanecer en otra ciudad, en otro lugar, dejándonos llevar para aterrizar en el parque donde surgió nuestro amor. No pretendemos vengarnos de quienes nos mataron, nos conformamos con darles el gran susto de vernos vivos, felices, incorruptos, elegantes; cantando y tocando viejas canciones con ritmos relentizados.
 Dos espejos frente a frente recrearán versos que un día les hicieron bailar y que pasado mañana sólo les paralizarán. No nos presentaremos como el grupo de rock al que un día adoraron, no, ahora somos un duo, y no dinámico, permaneceremos estáticos con sonidos pregrabados, pero nuestras voces serán las mismas, aunque mejoradas por los mil ejercicios de dicción. Nos hemos puestos guapos para ti, para ti y para ti. Una voz en off les explicará que el show no tiene explicación, y pasara de la presentación; simplemente sonarán unas notas de piano, luego se mezclará con una guitarra y mi voz dirá: 


—Soy yo a quien tú esperas, luego su voz, la de Ángel Nogal dirá:


—No soy yo a quien tu esperas.


 Se unirá entonces una batería, y ya a dos voces diremos: 


—Sois vosotros a quien esperábamos!!!


Se unirá el bajo, y entonces se iluminará la pantalla del background con 4 maniquies vestidos de riguroso luto, cada uno con su instrumento: teclados, guitarra, batería y bajo.




«Uuuuuauuuuuu Uuuuuuaau Uuuuuauuuuuu!!!


 Te canto y te miro a la cara,
 sufre,
 que sepas lo que un día sentimos,
 

cuando perdimos la dignidad,
 tomad 

las cosas que un día fueron muestras 
 y que un día robasteis,
 hoy son vuestras,
 

os la regalamos ya,
 pero que sepáis que eso no se come,
 

ya no nos duele,
 ni nos muerde vuestro odio,
 

nuestras heridas ya han sido acariciadas,
 ya han sido curadas,
 ya alcanzamos la felicidad,
 

ya no nos importa más allá de este recuadro.


UaaaaaaaaU UUUUUUUUUUUUUUHHHHHHHHH!!!


Reconocemos que perdimos los papeles

Os seguimos el juego 

eso ha sido el error

eso ha sido la perdición

y nos perdimos en el rencor

y perdidos encontramos el amor

y encerrados jugamos con el calor

y encontramos en el fuego dolor

del dolor prendió una llama

era como una lengua que todo lo quemó

Y nació un nuevo ser

que era fruto del árbol del amor

y el Ailanthus 
se disparó, hacia el cielo,
convirtiéndose en el bello árbol de los dioses

la higuera explosionó

el almendro se puso a florecer
por segunda vez pero en otra estación

volviendo a cubrir el suelo con sus pétalos blancos
el olivo creció,
su tronco se retorció

Ya sólo necesito amar

empezar a rodar

y coger piedras 
y arrojarlas al mar…



»

(c) Miguel Je 2013

martes, 24 de enero de 2012

LAS LLAVES ROJAS


Palacete de Miguel Maura en la plaza Rubén Darío

Al final de una tarde de finales de Otoño, Miguel subía las escaleras de la boca del metro de Rubén Darío. Estaba tranquilo y todavía un poco soñoliento. La noche anterior había sido muy larga, vulgar y desilusionante. El sol de poniente le cegó. Se buscó las gafas oscuras, dándose cuenta de que las había olvidado. Distraídamente miró el reloj. Por una vez se había adelantado a la cita con Eduardo: un amigo al que, casi sólo, le unía el juego de inventarse historias, quitándose la palabra de la boca el uno al otro a mitad de una frase, sin tener nunca la idea de propiedad y llegando a olvidarse, incluso, de quién había sido la primera frase de la narración.
Juntos solían andar sin dirección precisa al tiempo que inventaban sus relatos; acariciando periódicamente la idea de que un día una de esas historias dejara de serlo para sustituir a la realidad; que, sin mencionarlo, era lo que ambos más deseaban. De ahí el usar la imaginación, a veces, hasta extremos absurdos y barrocos.

Mientras esperaba a Eduardo, Miguel se sentó en el respaldo de un banco mirando al vertiginoso cielo sangrante, al que amenazaba un azul oscurísimo, casi negro, que avanzaba por encima de él. Era tan hipnótico el milenario espectáculo de la luz luchando con las sombras, que había olvidado la misma cita con Eduardo.
Este llegaría por la Calle Miguel Ángel. El sol se ponía, irremediablemente, por el principio del Paseo del Cisne y Miguel, no podía apartar su vista de las últimas y rapidísimas evoluciones de los vencejos por encima de la castiza iglesia de San Fermín de los Navarros. Los chillidos de los vencejos le hicieron recuperar la realidad volviéndose hacia el principio de la Calle Miguel Ángel. Eduardo aún no daba señales de vida. Al volver la cabeza sus ojos quedaron atrapados por un intenso color rojo, se agachó sobre el asiento para ver qué era ese resplandor rojizo, descubriendo dos llaves. Las observó unos minutos antes de atreverse a cogerlas. Hubieran sido dos llavines comunes de no ser por el brillo y el color, un rojo vivo, un rojo intenso que no parecía pintura, ni esmalte y era, en realidad, el propio material del que estaban hechas. Al “agarrarlas” le parecieron objetos sin peso, delicadamente tibias, singularmente suaves, limpias de cualquier marca de fábrica. Las mismas muescas eran amables al tacto. Tan abstraído estaba en la observación y el análisis, que la mano de Eduardo en su espalda tardó en sentirla.
—¡Por una vez te ha tocado esperar, eh! ¿Qué es eso?
—Dos llaves. (Haciendo un movimiento de ojos, mira a Eduardo y baja la vista a las llaves)
—¿De dónde salen?
—Estaban ahí encima (señalando el sitio exacto ), en el banco, las acabo de ver. Fíjate qué extrañas.
Eduardo las vuelve a mirar y se encoge de hombros, sonríe.
—¡Tócalas! 
Dijo Miguel, tendiéndoselas, con un escalofrío. 
—¡Están calientes!
Exclamó sorprendido, como si le hubiesen quemado, para
soltarlas instantáneamente. Se acababan de encender las farolas de la plaza: tardando unos minutos en
pasar del blanco rosáceo al naranja sucio del alumbrado urbano. Las primeras luces en las ventanas de las casas delataban demasiado la soledad de las calles a esa hora tan imprecisa. Miguel empezó a mirar las fachadas pensativo. Su imaginación trataba de desperezarse tras la fascinación producida por el descubrimiento de las llaves rojas.
—¡Qué calientes están! -insistió Eduardo-. ¡Parece que quisieran refrescarse en una cerradura!
—Me parece que estamos pensando en lo mismo. 
Dijo Miguel, sonriéndose después de mirarle con unos ojos alegres que iluminaban su cara por primera vez en el día.
Echaron a andar hacia la calle Almagro, quitándose una vez más la palabra el uno al otro intentando encontrar el hilo de la historia, alrededor del cual podrían estar varias horas añadiendo y quitando los fragmentos que al final la dejarían en pie; definitiva, archivada, capaz de ser reconocida por ambos y ya no susceptible de cambios ni modificaciones.
—Este llavín abre un portal y éste un piso-. Dijo Miguel. ¡Di un número! ¡Rápido! ¡Dime un número!
Eduardo dijo un número. Cruzaron la calle sin parar de reírse esquivando el único coche que circulaba en ese momento obligándole a frenar: ¡era el número de aquel portal! Ninguno de los dos pararía de hablar si no fuera porque misteriosamente aquella llave lo abrió. La casualidad resultaba demasiado evidente, casi absurda; pero el portal se abrió.
Era un portal repleto de ojos y pies: inmóviles por miedo a despertar, lo que parecía un sueño.
—Ahora dime un piso. 
Le dijo Miguel en un gesto de complicidad. 
—¡El último!
Contestó inmediatamente. 
—¡El ático! 
—¿Derecha o izquierda? 
—¡No hay más que uno!
La seguridad de la respuesta de Eduardo y el posterior silencio pareció quitarles la risa... y la sonrisa.
El viejo ascensor subió despacio rompiendo el silencio sepulcral existente sintiéndose uno más con ellos. Llegaron al ático en medio de un estruendo demasiado
aterrador que no hizo más que aumentar su impaciencia. Abrieron entre los dos las estrechas puertas, pero Eduardo le dejó salir primero. Miguel vio y vaciló. Fue entonces cuando Eduardo se le adelantó...
—Dame el otro llavín y cierra el ascensor. 
Dijo Eduardo, con un tono de reproche.
Lo introdujo con seguridad y aplomo, giró y la puerta se abrió sin ruido. Encendieron la luz de un vestíbulo cegadormente blanco, con dos espejos sobre una mesa de media circunferencia, sobre la que descansaban dos pequeñas bandejas de plata limpias y deslumbrantes.
—¡Estoy seco! ¿Quieres beber tú algo?
Dijo ya abriendo la puerta izquierda. 
—Sí, tráeme agua. ¡Me estoy meando!
 Y se fue por la otra puerta.
En unos minutos volvieron a reunirse en el vestíbulo. Al encontrarse, ambos parecían extremadamente cansados, pálidos en la luz dorada de aquella habitación blanca.
—Me siento agotado... Me voy a la cama. (Ofreciéndole el vaso de agua) Eduardo se bebió el vaso de agua de un solo trago para dejarlo luego sobre una de las dos bandejas. 
—Sí. Vámonos a dormir, yo también estoy muerto.
Fue decir esta palabra y los dos se echaron a reír, mientras ambos se dirigían ya hacia el dormitorio principal. Se acostaron en la cama después de desnudarse y dejar cada uno su ropa en gemelas descalzadoras.
—Hemos dejado encendidas las luces del vestíbulo...
Dijo Eduardo quedándose dormido, sin notar que Miguel ya lo estaba.
La temprana luz del sol, entrando por los visillos, despertó a Miguel. Se volvió hacia el interior intentando recuperar el sueño con los ojos entrecerrados. Una sorpresa que, lentamente parecía cobrar demasiada realidad, le obligó a abrirlos, para ver con toda nitidez una larga cabellera rubia sobre la almohada. Lentamente, el cuerpo a su lado, se volvió hacia él y en una cara de mujer, totalmente lavada, Miguel contempló el espanto con el que le miraba.
—¿Quién eres tú? ¿Cómo has entrado? 
—¿...Y Miguel? 
Preguntó una voz femenina desde la boca de la mujer. 
—¡Yo soy Miguel! ¿...Y tú quién eres?
Preguntó una voz masculina que no era la de Miguel y que él mismo no reconoció. 
—¿Qué es lo que pasa aquí? Yo soy Eduardo pero, esta no es mi voz ni tampoco la tuya, ni eres tú... Y tengo el pelo largo... (Dijo tocándoselo, pasando los dedos por un mechón desde la raíz hasta las puntas, al tiempo que empezaba a llorar repitiendo: 
—¿Qué pasa aquí, qué pasa Dios?
Se levantaron simultáneamente, muy despacio hasta ponerse delante del espejo, para contemplar horrorizados a una pareja que nunca habían visto. Eduardo volvió hasta la cama, mecánicamente se tapó con la sábana y miró a la mesilla de noche. Sin separar los labios y con un gesto tembloroso de la mano llamó a Miguel y le enseñó un retrato enmarcado en plata. Desde el centro de un banco, en la plaza de Rubén Darío, miraban sonrientes a la cámara el hombre y la mujer que eran ellos mismos ahora.

EPÍLOGO

A ESA HORA, PRECISA, MUY CERCA DE ALLÍ, EN EL TIEMPO DE LOS RELOJES Y LAS HORAS CIERTAS, UNA ADOLESCENTE SE SENTABA EN EL MISMO BANCO DE LA PLAZA DE RUBÉN DARÍO, RECOGÍA DE SUELO, PORQUE LAS HABÍA TIRADO CON LA FALDA, UN PAR DE LLAVES ROJAS, QUE SU NOVIO, AL LLEGAR, LE QUITABA, RIÉNDOSE, DE LA MANO.