jueves, 29 de agosto de 2013

Externalización para el gobierno Rajoy (De una puta vez, ya)



«Rajoy es la peor herencia que nos ha dejado Zapatero»

Vamos a ver, he estado pensando unos minutos en la reciente aprobación de la privatización de la gestión de muchos de los hospitales públicos de la Comunidad de Madrid (ellos prefieren llamarle a esto: «externalización» de la gestión) y no me cuadra.
Si los ciudadanos elegimos mediante el ejercicio del voto a un presidente, de la nación o de una comunidad autónoma, lo hacemos para que gobiernen al menos ajustándose lo más posible al programa electoral por el que fueron elegidos. Esto lo esperamos pienso que todos. Hace un año ya que el elegido fue el Rajoy y su PP, y éste después de pensárselo mucho eligió a una serie de personas, que al menos él consideró ejemplares para estar al frente de los respectivos ministerios. Pues bien, cuando éstos dicen que van a externalizar (privatizar) algo o alguna gestión, hasta ahora pública, con la excusa de que en manos privadas hay mayor eficiencia están reconociendo sus incapacidad para gobernar, puesto que ellos con esta acción están demostrando su personal ineficacia al confiar más en personas no elegidas democráticamente que en ellos para que, por ejemplo, gestionar la sanidad, la educación o la estupenda red de Paradores. O sea que están mostrándonos que ellos no son tan buenos como los otros que ellos eligen. Si así es, ¿qué hacen ellos en su cargo? ¿Y qué hacemos nosotros permitiendo que sigan calentando su sillón cobrando un sustancioso sueldo, que pagamos nosotros, cuando no nos sirven para nada? Ya que hay personas o empresas realmente preparadas para hacer su trabajo (el de los gobernantes) maravillosamente por qué no elegimos entre éstas y pasamos de elegir políticos que saben de muy poco, muchos ni Inglés, para gestionar los diferentes ministerios. Y ya puestos los presidentes también podrían ser elegidos de la misma manera. Así nos aseguraríamos de que elegíamos entre los mejores, y como serían nuestros empleados, por tener un contrato con los ciudadanos, si no fueran lo eficientes que deseáramos podríamos rescindir el contrato y probar con otra empresa.
Si yo no soy capaz de gestionar eficientemente y reconozco que hay otros que lo pueden hacer mejor es indecente que yo siga en mi puesto para que mi trabajo lo hagan otros. Debería dimitir inmediatamente, ¿no? Me parece pura y simple lógica; lo entendería hasta un niño de primaria.
Así que a buscar mejor excusa, por lo menos un poco inteligente. De la misma manera no tiene sentido que este gobierno repita hasta la extenuación que hacen lo que hacen por culpa de la herencia recibida. Si se han encontrado una situación que no esperaban, y que les desborda por qué se empeñan en seguir ahí justificando una medida tras otra, cada vez más inverosímil, y qué Rajoy, dice que no le gusta, que nunca la haría pero que no le queda más remedio que imponerla. ¡Venga ya! Reconoce que tú y los tuyos no sabéis cómo salir adelante y dimitir de una vez.
Todo esto ocurre, pienso yo, porque cualquiera puede ser político, sin ninguna formación específica que le faculte para ello. Tenemos lo que permitimos, por tanto no menos de lo que nos merecemos.

Durante todo un año no hemos hecho nada más que someternos, hemos perdido muchos derechos adquiridos a base de mucho esfuerzo y tiempo de nuestros predecesores. Actualmente estamos ya demasiado esclavizados, demasiado atados y sometidos a un gobierno retrógrado implacable. Cada día que pasa lo estamos más y más. A día de hoy la mayoría de los ciudadanos sin empleo aceptaría cualquier tipo de trabajo en las más pésimas condiciones, a la vez que un trabajador acepta cualquier abuso del empresario de turno con tal de mantener su puesto de trabajo.

Ante esta complicada situación en la que estamos los españoles ¿qué podemos hacer? Creo que hay dos posturas: o seguir pataleando pero sometidos o plantarse todos y no mover ni un dedo, todos en sus casas acogiendo y solidarizándose con los que no son tan afortunados, hasta que nos escuchen. Paralizar el país. Aunque tengamos que pasar hambre y otras penurias, pero ellos también acabarían por sentirse afectados y no tendrían más remedio que cambiar de rumbo, atender nuestras necesidades reales y palpables, que no es ni más ni menos que ejercer su trabajo para el que fueron elegidos.
(c) Miguel Je 2012

miércoles, 28 de agosto de 2013

Jugando con los recuerdos de mi infancia





«Cuarenta y cuatro años después y la vida sigue igual»

Si en el mes de mayo del año pasado me dijeras que iba a estar viviendo en la casa donde pasé mis primeros cuatro años de vida te diría que te habías vuelto loco, y si me lo hubieras pedido te hubiera dicho un «no» rotundo; pero ya ves, aquí estoy: feliz, decidido a quedarme y con una serena naturalidad, como si nunca hubiera tenido otro hogar. Una sencilla casa del siglo XIX que pasó de generación a generación hasta llegar a mí, más bien yo llegué a ella. Tú me dejaste aquí con apenas unos meses de vida en la misma casa en la que habías nacido y tú mismo me arrancaste engañándome cuatro años después para volver a dejarme a pocos kilómetros en aquella triste caserón en el que nací. Pero como queriendo arreglar lo que un día estropeaste me volviste a traer regalándomela aunque por ello diste tu último suspiro. Ya ves que vueltas da la vida. Me arrancas de un maravilloso paraíso para que conozca el mundo y cuando tú lo abandonas me atraes de nuevo al paraíso olvidado. Sigues siendo todo un misterio, pero conociéndome cada día un poco más, te conozco también a ti, porque para eso llevo tus genes. Es curioso que hayas tenido que morirte para que descubra que me querías como un buen padre debe de querer a su hijo pero al que nunca quiso conocer, o quizás me conocías demasiado por ser tan semejante a ti. Me río, eres increíble, me educaste por telepatía y encima me siento orgulloso de tu obra y como puedes ver la continúo con tu ayuda, con mis genes, con mi fuerza, con mi tremenda intuición y con ese gran amor del que ahora estoy seguro que en mis primeros días me entregaste.
¡No te rías! Ahora estoy cansado de la noche y no quiero perderme el amanecer, ya ves que es muy tarde ya, pasan de las cuatro así que ahora ilumíname pero dentro de mis sueños. 
See you again! Thank you by nothing, thank you by all. Thanks!!!

©Miguel Je 2012

martes, 27 de agosto de 2013

Hablando con mis muertos.



«Escribo para intentar explicarme lo que no entiendo.»
Miguel Ángel Muñoz

Jamás se me ha aparecido la Virgen, ni he tenido llagas de repente, ni he visto llorar sangre, pero lo que sí me sucede habitualmente es que me hablan mis muertos más queridos. No oigo su voz, pero los escucho en mi interior, me hablan pausadamente, son mensajes cortos -menos, incluso, de 140 caracteres-, claros, concretos y concisos. Mantenemos, a veces, breves conversaciones. Estos últimos días se me reveló mi madre varias veces. Casualmente ahora está aquí, leyendo lo que voy escribiendo, no dice nada, está atenta, mueve sus cristalinos ojos azules a la vez que voy añadiendo «hormigas» (caracteres). Cuando paro de teclear, para comprobar lo escrito, siento como sonríe y me dice: —¡Venga sigue, que me tienes en ascuas! Yo voy y me paro, y sin abrir la boca le digo que me apetece un cigarro.
—¿Acaso no has fumado bastante hoy? Su tono ha cambiado, se ha puesto seria, yo también. Me toco los labios con el pulgar, pienso unos segundos y le contesto: —Pues no… ¡¡¡«Only one»!!! 
(Rogándole). —Hoy es día 30 de diciembre del 2012 desde hace dos horas y media, y tu sabes que ha sido una sola vez. Vuelve a sonreír!!! —Qué «fulero» eres, non sei a quen te pareces? ¿A quén vai ser? A teu pai!!! -respondiéndose ella misma.
Yo ahora también me río y no me corto y le contesto, y eso a sabiendas que odia que le «conteste»: —Pues yo creo que me parezco más a ti, tú eres aún más pícara que yo. Bueno, ¿nos hacemos ese cigarro o qué? —Veña, sempre o foches e seguirás sendo un antoxadizo. ¿Acórdaste…? «Mina tero cereixas!!! Mina tero totós!!! Mina quero augardente!!!…» —Sí, vale, pero también le consultaba, le pedía su opinión: «¡Mina! ¿Levo a paxara ou non levo a paxara?»
Mi tía Herminia no sólo me habla sino que además desde que se fue allá por el 85 no me ha dejado apenas un momento, me ha cuidado y protegido toda mi vida; todavía de vez en cuando se mete en mis sueños y me cuenta un fantástico cuento de ladrones que nunca se acaba.

—¿He oído mi nombre? —¡Vaya, la que faltaba! Se lo dije cariñosamente, no creáis. —Pues yo no!!! ¡Estoy harta de tenerte siempre encima! Suelta mi madre con ¡una sorna!, y ah!!!, ahora que lo pienso, lo de estar siempre encima lo dice literal porque Herminia está en el último nicho, el tercero y mi madre en el bajo. —¡¡¡Qué estás cuchicheando??? Me dicen las dos a la vez y en esto que se escucha a mi padre malhumorado: —Estas no son horas… Shit! ¡¡¡Cona que o pariu a quen se lle ocurríu meterme no nicho do medio!!!
No recordaba que mi padre fuera tan mal hablado, pero sí que cuando él dormía quería que todos estuviéramos también durmiendo. Así que me voy a hacer un cigarro, como cuando lío un cigarrillo me concentro únicamente en lo que estoy haciendo pues pierdo sintonía y ya no sé si la volveré a coger, pero lo que sí sé es que pienso escribir lo que necesitaba explicarme. Ahora vuelvo!!!

Ya estoy aquí, entre humo verde, thinking in green… —¡Xa era hora! ¡Mira qué eres lento…! 
Mi madre siempre me ha vendido muy mal. Recuerdo cuando venía mi tía Oliva, su hermana más joven, y le decía que me llevara al pueblo pero que no me devolviera más porque «non pode ser mais trasto do que é». Rápidamente saltó Herminia con un acento cubano residual, que me sobresaltó, adquirido en sus años de juventud en La Habana: —No es lento, es meticuloso… Mi madre la interrumpió: —Lleva el mismo camino que el tío Pepe, se morirá de cáncer de pulmón de tanta fumeta. —¿Quién me nombra? —¡¡¡Oh, Pepe, cuánto tiempo!!! Dije conmocionado; mi tío Pepe que descansa junto a dos de sus hermanas Herminia y Manuela… —¡Oh, meu Miguel! Sé que te acuerdas mucho de mí. Ya ves aquí estamos todos juntos… Ah, antes de que me olvide tengo que darte las gracias por haber puesto mi nombre en la placa. Siempre supe que me querías a pesar de no querer nunca dormir conmigo… —¡Manuela! —Siempre te gustó la noche, viniste una noche, casi de madrugada a despedirte de mí a aquella maldita residencia de la Xunta, no sé cómo te dejaron entrar a esas horas, debían de saber que me quedaban horas. Me contaste lo mal que estabas, lloraste al verme tan débil, con tan poca vida ya, me acariciabas la cabeza sorprendido de mi poco pelo y tan corto… ¿Echabas de menos mi moño y sus horquillas? —¡Ya está bien, hoy es mi día! Hoy hace un año que resbalé es aquella jodida rampa, jamás pensé que me moriría de frío, jamás pensé que nadie me oiría pedir auxilio… Rápidamente le cortó mi padre: 
—Segunda, ahora ya sabes que hay que tener cuidado con lo que se pide, ya ves que puede cumplirse. —Xa, querido, pero eu cando decía que me gustaría morrerme nun accidente pensaba nun golpe que me deixara no sitio e non darme un bon trastazo e non poderme apañar pra salir da fodida obra. —Po lo menos dormicheste e non te enteraches de nada pero eu morría en vida cando non te encontrábamos. Estabas tola, tan presumida que non podías pasar sin pintarte os morros… —Estaba de pasarme, se non fora pola barra de labios sería por outra cousa. —Pero se tuveras cabeza non habrías ido sola, como una raposa. —Venga Segundo, no te enfades, que no estuvimos tantos días separados. —No te jode, haber venido a por mí tan rápido… —No te iba a dejar en esa residencia llena de lagartas. —As únicas lagartas eran as fillas de puta das monxas, que me quitaron o anillo e o reló que me regalou o Derick. —¡No me digas! ¿Y pretendéis hacerme una misa en unas horas? Me está hablando a mí… ¿Qué le digo…? —¿Qué te digo? Yo tampoco estoy de acuerdo, no es que odie a la iglesia, ni a los curas, pero simplemente no me interesan. Te podría decir que la idea no fue mía, pero tampoco expuse mi negativa. Sé que una misa no es lo mejor que te podemos ofrecer, ni lo que más te gusta, pero si al menos eso sirve para que nos reunamos tus allegados pues lo acepto, lo malo es que no todos pensamos lo mismo y hay varias deserciones, ya las verás o a lo mejor ya las sabes.
Bueno yo lo celebraré recordando anécdotas… He arreglado la casa, he puesto flores, aquí, no en el nicho, yo como tú: «las flores en vida». Bueno, ¿qué te parece? Cuesta y me cuesta decirte que si te pierdo me perderé, pero no te perderé, te cuidaré dentro de mí. Ahora no digas nada porque voy a hacerme otro cigarro. Shiiiii… ¡¡¡Qué te conozco!!!

(c) Miguel Je 2012

domingo, 25 de agosto de 2013

Carta que nunca te envié



 2.Februay'2006.Tuesday
Noche de insomnio: 2:35 AM. He subido al estudio, más de dos horas en la cama sin conseguir dormirme... ¿Angustia? ¿Ansiedad? Ambas al tiempo y sobretodo mucho miedo, tanto, que me entró hasta pánico.
Ya es Jueves, y fumo un cigarrillo de la última cosecha, apurando ya el último frasco. Sol y Luna se hacen mimos en el otro sofá, el de Pilar, la dueña de esta casa. Ahora ya no sé si juegan o empiezan a pelearse. Sol mueve alegremente su rabo como queriendo provocar a su hija, pero esta empieza a aburrirse y de un salto abandona a su madre y la deja sola en el sofá para beberse unos chupitos del agua del bol de Dean.
Los últimos días de la obra me están torturando. Son tan intensas las ganas de volver a nuestro hogar que mientras espero fumando me consumo. Siempre esperando, siempre fumando, y hoy no hay whisky, se lo bebió todo Pepet, mi padre valenciano, pero eso ya es otra historia que contaré en otro momento, hoy no tengo humor para ello.
Ahora me incorporo, y voy hacia la cocina a por un poco de ron, añejo como en los viejos tiempos; sólo falta la voz susurrante de Olvido Gara en mis oídos y podría retroceder unos cuantos años, tantos como 16 y encontrarme en Compostela en los primeros meses del 1990; eran largas noches escribiendo para planificar un futuro demasiado incierto por aquel entonces, todavía lo esperaba todo de la vida y además lo deseaba todo, no quería perderme nada. Noches dedicadas a inventarme un futuro en la más austera soledad. Dieciséis años después sigo haciendo lo mismo pero en unas condiciones, creo, mucho menos hostiles, algo he avanzado, sencilla evolución natural. Ahora ya no camino solo, están las gatitas, Dean (mi anciano pastor belga, mi primogénito) y, mi Manuel: mi Ángel de la guarda, mi mejor apoyo y el segundo gran amor de mi vida (el primero ya sabes que has sido tú). La vida ha sido justa conmigo y yo también he tenido la inmensa paciencia de saber esperar sin dejar de buscarlo. Estoy convencido de que Manuel ha sido un regalo de mi tía Herminia desde el más allá. A pesar de haberse ido hace tantos años jamás ha dejado de protegerme y cuidarme. Se murió con esa preocupación de saberme desamparado y se quedó en mi corazón para siempre, toda mi vida arropado por su infinito amor maternal. Siento que ahora ya está en paz, pero no por ello me pierde de vista.
Ron reserva Varadero, comprado hace años en el Plus -mi súper favorito en la actualidad, antes fue el Día, curiosamente ambos tienen en su logotipo el signo “%”, identificador de superficies de descuento y precios bajos, yo siempre tan ahorrador-. Me sienta mejor que el whisky.
Estoy ya más animado; hay que vivir el presente, disfrutar de cada día y no agobiarse por el futuro. “Si un problema tiene solución no te preocupes, si no la tiene tampoco te preocupes”. He de recuperar ese libro: “El poder curativo de la mente”. Me lo había regalado Ana y en una época de euforia lo presté, y no recuerdo exactamente a quién. ¡Una pena! Pero lo leí muchas veces y algo habré aprendido con ello, vamos, digo yo. Por cierto, hablando de Ana, tan sólo faltan unos días para su cumple, es «acuario» como tú y su padre. El de Elena fue hace menos de un mes, la llamé y tuve que dejarle mis felicitaciones en su buzón de voz. No he recibido noticias suyas desde entonces. Mis sobrinas son así de naturales. Por lo cual este año había decidido no escribirle a Ana mi carta-regalo habitual, pero es posible que cambie de opinión. Sí, muy posible.

Suspiro, pienso... ¡Ay, la casa, la puta casa! ¿Quién me mandaría a mí ampliarla? Pero para evolucionar hay que sufrir, y sé que en cuanto finalice el “obrón” y volvamos a Espacio Je todo va a ser maravilloso. Un sueño cumplido, mi mejor sueño, el más difícil, el que parecía más inalcanzable. Pero necesito ya mi ESPACIO, y abrirlo al mundo, producir, vivir sin preocupaciones y ser feliz.
ESPACIO JE está a punto de ser reinaugurado, mi sueño a punto de cumplirse. Será más grande, más del doble de metros cuadrados, más cómodo, más luminoso, con más estancias, más confortable para recibir invitados o cooperantes. El proyecto pensado y repensado, estudiado al milímetro se hace realidad. Resulta emocionante comprobar como cada noche se hace más real. Ese sueño alimentado durante toda mi vida va revelándose día a día. Hoy han puesto el mosaico de la ducha del aseo de la primera planta. Un baño de lujo, ya puede por lo que ha costado, pero será una estancia en la que surjan historias, de ella tiene que salir ARTE. Hay que rentabilizar la inversión. ¡Y ese balcón al Mediterráneo de madera de Iroco! Otro sueño cumplido; dos tumbonas mirando al mar, una imagen soñada cuando todavía vivía en Lugo y que aparecía en la portada de un disco de un grupo de Rock Sinfónico americano*, como todo lo tengo embalado en cajas no puedo decir el nombre concreto, mi memoria está muy tocada. Será la terraza de moda este próximo verano, al menos para nosotros.
Se me está ocurriendo que este cumple podría invitarte a conocer el nuevo Espacio Je. 

Podrías ayudarme a escribir algo en tus próximas vacaciones. Podría ser un buen reencuentro. ¿Tú qué crees? Vaya, te estoy escribiendo una carta como cada año. Sería un buen regalo para los dos el volver a vernos en Finestrat después de tantos años. Nos veríamos en mi terreno, el terreno que yo creé, por el que tanto he luchado, por mi lugar en el mundo, que es éste y aún no sé porqué. Pero sí sé que estoy en el camino. Toda mi vida he caminado hacia una estrella y desde aquí la veo cada noche, por eso creo que he llegado a mi LUGAR. La contemplo todos los días con alegría, con serenidad y me siento bien conmigo y con el entorno. No sé si tú ya has encontrado tu “lugar” pero cuando te sucede, eres consciente, y te sientes feliz. Sólo por palpar que estás donde tenías que estar.

Me he vuelto tan simple que hoy tengo puesta la radio -eso sí, Radio 3-, como antaño en Santiago, cuando sólo tenía la música de una radio-despertador y me dejaba llevar por la casualidad. Cada canción que oía tenía un significado, lo tomaba como un mensaje para actuar en consecuencia. Ahora suena música Dance y escribo bailando.
Si supiera describirte la casa en la que vivo, mientras continúan las obras en la nuestra, alucinarías. Es para verlo. Es la casa de al lado: el 51. Pilar, la dueña, mi vecina ginecóloga, hizo hace unos años la obra de ampliación, por lo tanto tiene una superplanta inferior. Ella nos dejó su casa y sus muebles, por lo que los míos están intercalados, dos hogares metidos en el mismo espacio. Sus cosas con las mías; somos de gustos opuestos, imagínate el grado de eclecticismo. Como es de noche y no se ve afuera, esto podría estar en cualquier lugar, fíjate un simple detalle: el teléfono es de esos que están colgados en la pared y que para oír tienes que descolgar un auricular y hablar a una especie de embudo que sale del cuerpo del teléfono, para marcar los números tiene la rueda giratoria en la que metes el dedo en el número deseado y giras hasta un tope. Todo lo de ella es falso, de imitación, y lo mío es lo que es y punto, sin falsas apariencias. Por todo esto, la casa tiene un aire de reciclaje. Desde luego el ambiente que hay es único.

Sobre la mesa en la que te escribo hay infinitas cosas. Varios mecheros de diferentes formas y colores, botes y frascos, muchas velas distintas -unas encendidas otras sin estrenar-, tabacos de tres marcas: Ducados, Fortuna y Cutters-Choice. Dos mandos a distancia, un plato de Sargadelos con una vela azul finiquitada, una tortuga de metal, un gnomo, otro tabaco (se llama Domingo, para liar). Una funda de gafas Armani de piel marrón sobre un libro: “La sombra del viento” de Carlos Ruiz Zafón, regalo de mi 41 cumpleaños hecho por Pepet. Varios CDs: el último de Javier Álvarez (Plan Be) y el último de Madonna (Confessions on a dance floor). Un cenicero robado de un hotel de Albacete el día de mi 38 cumpleaños (el San Antonio de 4 estrellas).
La música ha cambiado de Dance a Étnica. Hago un receso para echarme otro vasito del famoso Ron. Me sirvo el ron, y me paseo bailando por la casa observándola, y viajo cuando mis ojos se paran en algún objeto, el botijo que compró Víctor en la Vila al poco de estrenar Espacio Je, la jarra antigüa de lavabo de Manuel, la mesa de la tele que me hizo mi cuñado Pacolo cuando yo vivía en la calle del Orzán en la Coruña ¿te acuerdas? La TV que compramos en Continente (ahora llamado Carrefour), dos fuentes de Sargadelos regalo de mi hermana Elena, una con tomates y la otra con naranjas y limones. La cama de Dean, sus juguetes en una cesta de mimbre, Sol durmiendo en su sofá. ¡Todo un viaje!
¿Y yo? Vestido con albornoz blanco sobre una chaqueta de lana con cremallera frontal y pantalón de chandal de rayas horizontales, mis fantásticas zapatillas de Zara Home en los piés y mis Gucci de pasta años 40 para ver mejor lo que escribo. Esas gafas también tienen una historia para ellas solas. Prometo contártela si vienes a verme. Una orquídea blanca sin flores ya, bueno le queda una medio marchita, también tiene su historia. Si vienes te contaría tanto; tengo tanto que decirte. No lo sabes bien, y además, tantas ganas de hacerlo.

Y para terminar una exclusiva: dentro de unos días, el 9, yo estaré celebrando mi boda civil. Hubiera deseado que tú fueras uno de los dos testigos...

!!!FELIZ CUMPLEAÑOS!!!

*(Manfred's Man)
(c)Miguel Je

miércoles, 21 de agosto de 2013

Los locos que el mundo no traga




«Los locos que el mundo no traga nos juntamos al amanecer, dando vueltas a un sueño probable, a un amor que no ha podido ser».

He cumplido 49 años y sigo masticando, masticando y masticando, quizás porque la digestión empieza en la boca; lo sé muy bien, y no sólo porque haya estudiado hace ya muchos años biología y que hubiera sacado una buena nota en «fisiología animal», lo sé sobretodo porque me he pasado la vida masticando para poder digerir, sin que me provocara otra úlcera, demasiados sucesos ocurridos a lo largo de tantos años ya. Por todo, he tenido que aprender a masticar muchas veces, no sólo los alimentos que ingiero sino también los incontables problemas que me han causado las relaciones con mis familiares más directos, para poder tragármelos sin que me produzcan una indigestión.  Este último cumpleaños ha sido maravilloso, el que más, pero también ha sido ligeramente trágico. Tiene que haber de todo para valorar mejor lo bueno.
Ahora que soy huérfano y que sólo me quedan mis hermanas y sobrinas como familiares más directos de sangre entiendo lo importante que eran mis padres para mi equilibrio emocional. Yo adoré siempre a mis dos hermanas y a sus hijas pero este último cumpleaños me abrió los ojos; será que estoy rozando el medio siglo y eso pesa, para bien, claro.
Fue mi segundo cumpleaños sin mis padres vivos y uno más, de tantos, sin todas ellas; y eso que las cinco están vivas. Unas por una cosa y otras por otra se limitaron a felicitarme por teléfono, pero hubo una que ni eso y otra que lo hizo por el «facebook», eso sí por mensaje privado. A ninguna se le ocurrió que uno de mis ansiados sueños era pasarlo con ellas, que conocieran de primera mano como me divierto, que se interesaran por conocerme, por conocernos, porque desde hace ya muchos años yo ya no estoy solo, también tengo una familia que me llena y me colma de felicidad. Ellas ni se lo imaginan lo felices que somos, pero… (siempre hay un pero) no estuvieron conmigo. En mi gran fiesta no faltó nadie verdaderamente importante en mi vida, salvo ellas; incluso mis amigos de facebook -otra gran familia- estuvieron conmigo en algún momento dedicándome un poco de su valioso tiempo con emotivas palabras que algunas me hicieron llorar de felicidad. Por no faltar no faltaron ni mis padres convertidos en dos exóticas mariposas inmensamente bonitas que se pusieron a revolotear a mi alrededor haciendo vuelos auténticamente acrobáticos, pero no estaban ellas; y eso duele, y mucho. Así que no me quedó más remedio que masticar una y otra vez mi enorme disgusto y tragármelo bebiendo de nuevo mis lágrimas aderezadas esta vez con azúcar y con miel, pero bailando con mis contados allegados y con las majestuosas mariposas, que eran ni más ni menos que mi padre y mi madre -al menos eso quise entender-. 
A la mierda disgustarme por eso, a la mierda se puede ir todo aquel que no me quiera. Yo no puedo pretender cambiar a las personas, puedo ofrecerles un ambiente mental positivo que propicie el cambio, pero no puedo hacerlo en su lugar. Cada persona está en el mundo para aprender sus propias lecciones, y si yo hiciese el examen por ellas, simplemente volverían a reproducir el tipo de situaciones que les permitirían aprender lo que necesitan. Lo único que puedo hacer es amarlas y dejarles ser como son, sabiendo que la verdad está siempre en su interior y que podrán cambiar en el momento en el que quieran hacerlo. 
Por ejemplo mi hermana mayor lleva más de una semana sin poder dormir y yo le pregunto si tiene alguna preocupación y me dice que no, que las de siempre, pero cuáles son las de siempre? Yo, la muerte de mis padres, sus hijas, la relación con su marido, el no haber hecho por mis padres lo que debería haber hecho, o sea: haberlos llevado a vivir a su casa y no haberlos ingresado en una residencia, el no haberme dado todavía (18 meses después de que hubieran muerto mis padres) la vajilla que mi madre repetía una y otra vez que era para su hijo, el haberse adueñado de la casa en la que crecí con mi madre nada más fallecer ellos sin dejar que yo pudiera hacer uso de ella mientras yo solucionaba los complicados trámites burocráticos del testamento ya que ella decía que no tenía la cabeza para esas «cosas», obligándome a recorrer cada día durante cinco meses 90 kilómetros con el consiguiente riesgo y afrontando el cansancio y los gastos que ello implicaba, y eso sin contar que tal decisión por su parte me obligaba a vivir en una casa en ruinas sin calefacción ni agua caliente… No lo sabe, no lo sé, realmente no sé si es algo de esto o es todo el conjunto o es quizás el hecho de sentir que ella fue la menos favorecida con la herencia. Pero realmente acaso ella necesitaba el dinero o la casa que tiene cerrada a cal y canto, que ni siquiera le importó que se murieran las plantas que tanto cuidó mi madre y luego mi padre cuando ella no pudo, yo le pedí un día algunas casi moribundas que conseguí salvar y que ahora están tan hermosas como si mi madre viviese. O acaso ella necesitaba unas fincas de las que no se ha hecho cargo y por las que no siente nada. Todo es una mierda. Aún recuerdo una vez que yo estuve ingresado y le pedí si podía ir a su casa al recibir el alta mientras terminaba de recuperarme y me dijo que tenía que consultarlo con su marido y al día siguiente me contestó que él había dicho que no. Qué soy su hermano, cojones!!! Qué le pedí ayuda y qué me la negó!!! A su hermano!!! Qué le avergüenza tener un hermano casado con otro hombre? Qué tiene un hermano que no quiso nunca conocer, qué no sabe ni lo que he hecho en la vida ni a que me dedico, no lo sabe ni quiere saberlo. Qué muy buenas palabras pero que sus hechos le delatan. Qué lloro un día sí y otro también cada vez que la echo de menos, qué ni siquiera se imagina que la quiero de verdad, que me preocupa su salud y su estado de ánimo, que deseo que sea feliz y que no me permite hacer nada por ella, sólo quiere poner tierra de por medio, que no se alegró de mi vuelta a Galicia, que nos vemos ahora menos que antes pero me sonríe cuando me ve, parece que lo pasa bien a nuestro lado pero le cuesta venir o invitarnos a su casa, siento que para ella soy una pesadilla. Eso debe de ser muy triste… Para mí lo es al menos. Coño, nunca me pregunta por nada importante de mi vida sólo por lo superfluo o por nada… Pero yo la llamo habitualmente, dos o tres veces por semana, porque lo necesito, a mí si me hace falta para mantener una buena salud mental, para no separarnos definitivamente. Nos invitó a pasar las Navidades en su casa y luego nos dijo que estaba enferma, y sería verdad pero con más motivo tendríamos que haber ido… En fin que si lo piensa tiene muchas razones por las que no dormir y ya no hablo de sus otros problemas más íntimos, Quizás se sienta culpable por haberse enfermado de pequeña y de que mis padres se arruinaran para poder curarla, teniendo que emigrar al extranjero para poder darnos estudios privándome a mí de criarme junto a ellos; pues precisamente esto no debería ni pasársele por la cabeza, sin embargo se lo escuché alguna vez, fíjate!!! En definitiva con estas palabras salidas de mi jodido corazón quiero zanjar o arreglar de una vez esta relación tortuosa para mí y peligrosa para ella. Quiero que piense si me necesita, si nos necesita y quiere ser una hermana como dios manda, cogiéndole prestada esta expresión «machaconamente» repetida por el actual presidente de gobierno o que «carallo» quiere? Creo que ni ella lo sabe.
Quiero saber qué pasó. He arreglado esta casa para que la usásemos todos, ella si tiene las llaves de mi casa. Quiero que este sea el último cumpleaños en el que lloro de impotencia. El anterior fue diferente y tampoco sé el porqué pero para eso escribo: para no olvidar, por eso me ayudará leer lo que escribí hace un año, así que aquí lo tengo ya y no voy a perder ni un segundo.

19 de Agosto del 2012
Desde hoy tengo 48 años. ¡Cuarenta y ocho! De repente fui consciente, mis manos asían con fuerza el mango de un artilugio rudimentario, muy antiguo pero a la vez tremendamente efectivo para limpiar la vieja moqueta de nuestro recientemente adoptado dormitorio en la preciosa casa heredada en otra ciudad, en otro país. Disfruto desde siempre de todo lo que hago, por más insignificante que sea o absolutamente intranscendente. Soy así, siempre lo he sido y doy gracias por seguir siéndolo a mis recién estrenados 48 años. Mi viejo iMac blanco amenizaba mi labor doméstica con la música de mi biblioteca iTunes, la banda sonora de toda mi vida. Las canciones me han acompañado desde muy niño, se lo debo a mi padre, a mi madre que de joven cantaba cada día y a mi tía Herminia que toda ella era música y armonía. No podría por tanto vivir sin música, sería como vivir en blanco y negro.
Pues... No prestaba atención al estar concentrado en dejar la moqueta perfecta, cuando de repente unas notas de piano acompañadas de unos acordes de guitarra española me paralizaron, y mi cuerpo se estremeció. El mundo se paró por un instante, mi reflejo en el viejo espejo del armario se fue nublando porque de mis ojos empezaron a caer lágrimas sin fin. Ray Heredia empezó a recitar y yo con él con una voz rota que me salía de las entrañas: «Esto va dedicado a todas las mujeres bellas de la vida que viven nuestras historias, nuestros momentos y nuestros lamentos». Entonces empezamos a cantar: «El infierno de tu gloria ha pasao por mí, ahora siento y pienso adentro: alegría de vivir» y yo no pude más pero él siguió: «…Alegría de vivir, cuando estás cerca de mí…». Yo lloraba cada segundo con más intensidad. Esta canción para mí significa mucho, me trae demasiados recuerdos y muchos sentimientos, sentimientos duros.
Este es un cumpleaños diferente, esta vez no estaba pendiente del teléfono, de hecho aquí no me hace falta y cuando necesito llamar todavía quedan cabinas públicas. Nadie iba a sorprenderme si no estaba a mi lado, y por primera vez en muchísimos años no tenía que esperar una llamada que nunca llegaría. A mi madre aún le gustaba menos hablar por teléfono que a mí, pero luego en la intimidad disfrutaba de la conversación, como yo. Hoy ya me han felicitado los dos, de ambos me acordé al despertarme porque había soñado con ellos y mirando en mi interior descubrí los regalos. Estaba tranquilo, sereno, feliz, acompañado por mi ángel (mi amor), sin prisa, sin preocupaciones… Tenía lo que siempre había soñado. Ahora que ya no están me siento más unido a ellos. Les siento presentes. Hablan por mis pensamientos. Los veo alegres, incluso orgullosos de mi vida y más de lo que estoy haciendo. A veces me miro en el espejo y le veo a él… Y me sonríe. Por eso cuando me vi en el espejo del armario, agarrado al mango del «limpiamoquetas» lloré. Lloré porque le vi a él feliz bailando al tiempo que limpiaba. A mi padre le he visto reír y bailar bastantes veces pero hace muchísimos años. No tuvieron una vida fácil, pero realmente todo lo hicieron por nosotros, sus hijos. Cumplieron su objetivo y se marcharon, no fuera a ser que nos dieran demasiado trabajo. Lloré, no de tristeza, la canción de Ray Heredia me llevó a ese punto concreto de sentimentalidad para poder ver y ser consciente de mi estado, de mi realidad. Lo que vi me enterneció, fue como si en cuestión de segundos mi vida se proyectara como una diapositiva, y lo que se ve transmite equilibrio, incluso belleza… ¡Aprobación! Esta sensación fue lo que me desencadenó el llanto.
Llanto por tener alegría de vivir, lágrimas por sentirme plenamente feliz. Satisfecho de haber dado un giro a mi vida, tranquilo por esta mudanza.

(c) Miguel Je 2013

1 comentario:

  1. Miguel me duele mucho verte pasar este tipo de trances, porque me identifico plenamente contigo, creo que no es un hecho ni casual ni aislado, la verdadera familia está en lugares insospechados, por eso, nunca me resultó especialmente difícil romper con quien nunca estuvo a mi lado, en este caso, mis cuatro hermanos y mi propia madre, a la que visito cada tres meses y que cuando estuve a punto de morir en el hospital cuando estuve con el infarto, no tuvo ni tiene ni tendrá la gallardía de irse a ver a su hijo mayor enfermo, que le pedí el mes pasado ayuda, ayuda para quedarme una habitación y evitarme pagar un alquiler que me cuesta horrores pagar, porque Uriel no trabaja y me dijo que... NO (y ya va la segunda negativa).- Por eso, descubrí mi felicidad y mi equilibrio emocional lejos de los que siempre han estado lejos.
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