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lunes, 23 de febrero de 2015

LA HUMILDAD

«No envidies nunca la vida de una persona, pues no sabes cuánto camino lleva recorrido.»

Hay días de invierno que me son propicios para recrearme en la nostalgia. La mayoría de las veces me surge por intentar encontrar algo perdido entre mi desorden y otras por la necesidad de poner un poco de orden ante la llegada de algún invitado o invitados. Hoy, por ejemplo, ha sido porque no encontraba unos papeles del catastro; busqué en varias carpetas en las que por lógica deberían estar, por contener documentos oficiales, y nada. Miré por estanterías, entre mis papeles mundanos, en carpetas con recortes y hojas de periódicos ya envejecidas con artículos escritos por nosotros durante los años del «boom inmobiliario»; y nada. De repente, encima de la impresora, vi una montaña de papeles y me lancé a ella. La revisé meticulosamente; había un fajo de quinientos folios aún vírgenes más unas cuantas revistas de Rock de Lux, fotos, un libro sobre el cine de Almodóvar y dos carpetas: una transparente y otra de cartulina amarilla, precisamente fue ésta la última que examiné, y nada más abrirla me encontré con un texto escrito aún con la «olivetti» eléctrica que, todavía, conservo -es que soy tan sentimental que nunca me desprendo de aquello que amé, y esa máquina tiene su propia historia, y hoy no toca, pero recuérdamelo otro día y te la cuento-, tenía un título centrado en mayúsculas: «LA HUMILDAD». Seguí leyendo:

   «Paciencia y confianza no deben faltarnos nunca, pero en esta sociedad de fin de siglo son difíciles de conservar. Pararse y mirar no es tan fácil, hay tanto que ver y, además, los problemas que nos surgen cada día nos aceleran y por tanto nos ciega impidiéndonos valorar lo bueno que, también, siempre nos rodea. Vivir en esta sociedad cuesta cada vez más, al menos a mí y también es lo que veo a mi alrededor: vivir mata... y fumar remata -por cierto, últimamente no paro de fumar, he de controlarme-.  La sociedad está programada, y si uno se sale del ritmo exigido acabará por perderse en el universo del caos; atemorizados les gusta tenernos. Y digo yo que toda bendición que no es aceptada se convierte en una ilusión para ellos y una maldición para nosotros. Por ejemplo: si el solitario es una maldición de familia el misterio del solitario es su bendición aunque no sea su mayor ilusión. He oído muchas veces que cuando uno desea algo todo el Universo conspira para que puedas realizarlo pero, por experiencia, puedo decir que no siempre sucede instantáneamente  este hecho pues lo deseado ha de sernos realmente necesario para nuestra evolución.
La vida está llena de ciclos, todos lo sabemos, pero lo difícil está en sobreponernos a ellos. Un ciclo sólo nos prepara para el siguiente, por eso pienso en la gran importancia que tiene la  humildad, una  virtud imprescindible que nos capacita para aceptar nuestra evolución. El diccionario define en su primera acepción esta palabra como una virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento; la segunda se refiere como la bajeza de nacimiento o de otra cualquier especie; la tercera: sumisión, rendimiento. Yo añadiría que la humildad es un sentimiento de la propia inferioridad. Ser humilde es ser consecuente, es no ser como no nos gusta que sean con nosotros;  ha de haber una relación lógica entre los principios y la conducta de una persona. Cuando algo no va bien no debemos dejarnos arrastrar por la inercia pues eso sólo nos conducirá a algo peor.
Hace unos meses decidí cambiar de ciudad pensando que con el cambio solucionaría una vida que no me llenaba. Cometí un tremendo error escapando de un problema en vez de solucionarlo,  y éste me llevó a otro y así hasta encontrarme en el caos. No fui humilde, ni por tanto consecuente y ahora no puedo borrar nada de lo que me ha pasado. Voy a ser humilde ahora, reconozco mi error...»

Uff, han pasado tantos años, tantos como dieciséis, y ahora lo entiendo todo... Gracias a mi ataque de humildad ese día estoy hoy aquí, y es más, puedo decir que ha sido un tortuoso pero divertido camino para llegar al mejor lugar: el pueblo donde me crié, el pueblo de mis más tierna infancia. Reconocer mi equivocación fue un primer paso para acabar volviendo a resolver los problemas de los que había escapado. Y aquella dura vuelta ahora la veo perfecta, me hizo crecer, me hizo ver, me hizo saber, me hizo encontrar el verdadero amor, el amor incondicional; sí, ocurrió porque ya estaba preparado para corresponderlo.

Sigo leyendo:
«... y afrontando el trabajo necesario para salir del pozo. He viajado sólo pero he implicado a más personas en mi caída. He perdido a mi pareja, le he abierto los ojos y me ha visto: le he mostrado lo peor de mí, no ha podido soportarlo y me ha abandonado.. Ahora estoy solo y hundido; reconozco mi debilidad y lo poco que soy sin su apoyo. Mi pareja... mi pareja... ¡¡¡No!!!  ¿Ya puedo decir su nombre sin echarme a llorar? Veamos: VICTOR. Víctor, Víctor... Y me eché a reír, ¡hacía tanto! Victor era mi único punto de referencia válido.
Ahora estoy solo ante mí. Yo soy todo lo malo y lo bueno que tengo. No me queda más remedio que quererme y seguir mi evolución; si no me quiero yo, ¿quién me va a querer? He de levantarme de mis ruinas y caminar lento, humilde y sumiso; cuidar de lo que me rodea y generar yo mismo un círculo de Energía positiva.»

Fue un buen paso, una buena reprogramación que funcionó. Volver a la gran ciudad desde ese momento me costó apenas unas semanas. Es verdad que a partir de ese momento el Universo acordó organizarlo todo para que yo volviera a Madrid. Por poner un ejemplo: en pocos días una amiga me contó que otra actriz amiga suya se venía precisamente de allí a trabajar al parque de ocio Terra Mítica y estaba buscando un intercambio de casa. Eso fue perfecto, ya no necesité más detonantes. Nos caímos bien, le gustaban los animales... eso me dijo la muy zorra y me lo creí: le dije que había un gato que venía a comer a menudo y que entraba por una ventanita del baño, que no se la cerrara y le pusiera comida en su cuenco, un cuenquecillo lila; esa fue mi única condición para intercambiar las casas. Todavía me estremezco cada vez que limpio esa ventana y veo los arañazos de mi adorado Aurelio por tratar de abrir la ventana, en fin...

«... Todavía es Otoño, pero es el más frío de estos últimos años; los nativos de la zona lo comentan, y yo lo sufro a pesar de mi helado corazón. Las noches se hacen demasiado largas y solitarias para ahogarme en lágrimas borracho de libertad. Todo es más duro sin un hombro sobre el que reposar la cabeza y mi cuerpo se tensa de añoranza. Mi mente cansada busca algún recuerdo agradable para perderse y poder descansar. Con los ojos cerrados veo otra ciudad: es Venezia, donde hace años nos prometimos amor eterno... No quiero pensar que todo terminó, no quiero despertarme del sueño y encontrar tu lado vacío. Amanece un nuevo día y sin ti, existe, aunque no lo quiera, una nueva realidad.

No me queda más remedio que aprender a vivir con tu recuerdo y sin tu presencia. No me queda más remedio que aprender a vivir sin tu recuerdo. No me queda más recuerdo que aprender a VIVIR.»

Y aquí sigo: aprendiendo a vivir viviendo.

©Miguel Je 2015 Febrero

martes, 13 de mayo de 2014

PASÁNDOSE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN POR EL RABO


«¡Y yo pasándome las opiniones del ministro del interior por el culo!»
«El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha anunciado este martes que ha ordenado a la Policía investigar los mensajes injuriosos que se lanzaron ayer en las redes sociales, principalmente en 'Twitter', contra la presidenta de la Diputación de León y del PP en esa provincia, Isabel Carrasco, después de haber sido asesinada.
"Hay que limpiar las redes de indeseables", ha enfatizado el ministro, quien ha defendido que al igual que es necesaria la seguridad en campos como la seguridad vial también lo es en Internet.
Fernández Díaz ha destacado que las Fuerzas de Seguridad del Estado cuentan con unidades en la investigación de este tipo de actividades y ha tachado esos comentarios como "actos de apología del delito y del odio".
Ha recordado que hace pocos días la Guardia Civil realizó una operación contra una veintena de personas acusadas de enaltecer actos de terrorismo y menospreciar a las víctimas.
El ministro ha hecho estas declaraciones tras presidir el acto de conmemoración del 170 aniversario de la Fundación de la Guardia Civil en la localidad madrileña de Valdemoro.
El portavoz de Sanidad del PSOE en el Congreso, José Martínez Olmos, ha urgido al Gobierno a regular las redes sociales "ante la catarata de comentarios indignos que muchas personas desalmadas vertieron en las redes sociales".
Por su parte, la concejala socialista de Vilagarcía de Arousa Susana Camiño ha dimitido este martes después de haber escrito en su cuenta de Facebook: "Prefiero no comentar pero quien siembra vientos recoge tempestades".
La presidenta de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), Elsa González, ha pedido diferenciar "el periodismo de las redes sociales" tras el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, ya que, a su juicio, "en ningún medio de comunicación hubiese pasado lo que ocurrió ayer en las redes sociales", en alusión a las reacciones que se sucedieron después de este suceso.
Por su parte, el exjuez Baltasar Garzón ha calificado de "sorprendente" que el Ministerio de Interior "dedique esfuerzos a investigar" lo que se dice en las redes sociales porque en caso de que se lancen informaciones "injuriosas o calumniosas" quienes deben actuar son "quienes se sientan agraviados". "No creo que sea lo mejor que puede hacer el Ministerio de Interior en este momento", ha dicho.

 Alonso: Twitter "se está convirtiendo en un lugar poco recomendable"



El portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, ha expresado la repulsa y condena del grupo parlamentario popular por el asesinato de Carrasco, que -ha dicho- ha sido víctima de la "sinrazón". Alonso ha hecho estas declaraciones a los periodistas en el Congreso antes de la reunión de la Junta de Portavoces, tras la que viajó a León junto con el secretario general del grupo popular, José Antonio Bermúdez de Castro, para trasladar el pésame a los familiares de la fallecida.

El portavoz del PP en la Cámara baja ha explicado que este crimen ha provocado una gran "consternación" entre los diputados, particularmente los que más habían trabajado con Carrasco en Castilla y León y todos los que la conocieron. "Ha sido víctima de la sin razón y desde aquí mandamos un mensaje cariñoso a la familia y nuestro pésame, que también tendremos ocasión de dárselo personalmente", ha señalado.

Asimismo, ha censurado algunos comentarios "inaceptables" que en algunas redes sociales se están haciendo sobre este suceso: "Hay alguna red social que se está convirtiendo en un lugar muy poco recomendable", "no voy a darles más cancha, creo se califican a sí mismos", ha dicho. No obstante, ha añadido que España es un país solidario de "gente buena" y que cuando se produce un crimen de esta naturaleza el "sentimiento es de repulsa en toda la gente que importa"
Fuente: Público.es


¡Jajajajaja! Lo que nos faltaba ya!!! Vamos que encima va a estar penado alegrarse de una defunción, con lo bonito que es la muerte, te libras por fin de todos los problemas mundanos y alcanzas el paraíso terrenal y vivirás feliz el resto de la eternidad. No lo entiendo, si ellas son también ultracatólicas, como yo, y la ley de Dios dice, creo recordar de cuando iba a la catequesis, que daba un sacerdote muy amable y cariñoso con los niños, bueno con unos más que con otros, pero era majo, y entre nosotros, estaba muy bueno, tenía un pollón, o al menos, yo que por entonces era muy chiquito, me parecía enorme y me quedaba petrificado mirándosela cuando me acompañaba al baño y se ponía a mear a mi lado y tardaba media hora en escurrirla y aquello iba creciendo, a él debía de gustarle enseñarla porque meaba desde lejos y era imposible no vérsela y además como le iba creciendo para mí era como magia potagia, y me decía que si me la metía en la boca aún le crecería más, y se empeñaba en que lo hiciera, pero yo no era muy atrevido y como por entonces no tenía una bocaza como ahora pensaba que si me metía aquello se me podía quedar atascada y luego qué... A qué venía esto? Ah, que muy mal, estos del PP son tan hipócritas que van de superreligiosos pero luego no tienen escrúpulos ni nada a la hora de incumplir los mandamientos de la ley de Dios. Claro, ya lo entiendo, como son tan malos y pecadores, tiene miedo a la muerte porque saben que se pasarán el resto de la eternidad ardiendo en el infierno. Qué pena de humanos, que futuro tan ardiente les espera. Yo como soy bueno estoy deseando morirme para pasarme el resto de la eternidad viviendo sin trabajar, y encima sin cuerpo que alimentar pero viviendo en un estado perpetuo de felicidad tocándome los cojones que no tendré pero como tendré imaginación me imaginaré con unos cojones como los del toro de Osborne y unas grandes manos para tocármelos, o mejor imaginaré a todos esos políticos a los que la vida les ha hecho robar, cometer adulterio, joder la vida a los ciudadanos, y subirnos los impuesto y bajarnos los sueldos, dejarnos sin derechos, y multitud de obligaciones, mentirnos, vamos a todos aquellos que nos han estado dando por culo estos años los obligaré a que me los toquen ellos pero antes haré que sean pequeños como duendecillos y que en vez de tocarme con sus manecillas me los laman y y se pasen por mi capullo utilizando sus lengüitas como si bajaran por un tobogán; todos políticos corruptos, curas pederastas, hijas de puta alcaldesas, o presidentas y presidentes de Comunidades Autónomas y toda la Casa Real en pleno.
¡¡¡Ay quiero morirme ya!!!
©Miguel Je 2014

miércoles, 28 de agosto de 2013

Jugando con los recuerdos de mi infancia





«Cuarenta y cuatro años después y la vida sigue igual»

Si en el mes de mayo del año pasado me dijeras que iba a estar viviendo en la casa donde pasé mis primeros cuatro años de vida te diría que te habías vuelto loco, y si me lo hubieras pedido te hubiera dicho un «no» rotundo; pero ya ves, aquí estoy: feliz, decidido a quedarme y con una serena naturalidad, como si nunca hubiera tenido otro hogar. Una sencilla casa del siglo XIX que pasó de generación a generación hasta llegar a mí, más bien yo llegué a ella. Tú me dejaste aquí con apenas unos meses de vida en la misma casa en la que habías nacido y tú mismo me arrancaste engañándome cuatro años después para volver a dejarme a pocos kilómetros en aquella triste caserón en el que nací. Pero como queriendo arreglar lo que un día estropeaste me volviste a traer regalándomela aunque por ello diste tu último suspiro. Ya ves que vueltas da la vida. Me arrancas de un maravilloso paraíso para que conozca el mundo y cuando tú lo abandonas me atraes de nuevo al paraíso olvidado. Sigues siendo todo un misterio, pero conociéndome cada día un poco más, te conozco también a ti, porque para eso llevo tus genes. Es curioso que hayas tenido que morirte para que descubra que me querías como un buen padre debe de querer a su hijo pero al que nunca quiso conocer, o quizás me conocías demasiado por ser tan semejante a ti. Me río, eres increíble, me educaste por telepatía y encima me siento orgulloso de tu obra y como puedes ver la continúo con tu ayuda, con mis genes, con mi fuerza, con mi tremenda intuición y con ese gran amor del que ahora estoy seguro que en mis primeros días me entregaste.
¡No te rías! Ahora estoy cansado de la noche y no quiero perderme el amanecer, ya ves que es muy tarde ya, pasan de las cuatro así que ahora ilumíname pero dentro de mis sueños. 
See you again! Thank you by nothing, thank you by all. Thanks!!!

©Miguel Je 2012

lunes, 6 de mayo de 2013

Ruth Nadal



«Todo lo que le desconcierta le estimula.»

A Ruth le gustaba sentarse sola en su habitación por la tarde, una habitación agradable que da al mar y se sumerge en el rojo de la sangre, con su uniforme de médico y las piernas, hermosas, descansando en los reposapiés de su silla de ruedas. Está inmersa en la lectura de una novela sobre un divorcio y un error. El sufrimiento de los personajes ficticios le provoca una sensación de tranquilidad. Como si ese sentimiento recayera sobre sus propios hombros. Es cierto que ella también ha cambiado, pero sin sentir ninguna humillación. Es una chica luchadora de edad indefinida, alegre, inteligente, melena al viento, pendientes, a veces se siente mucho más joven de lo que es. el mar pegado a su casa se filtra a través de la ventana y también en su cuerpo hay una especie de oleaje interior,seductor; que le insiste a escondidas,como si un niño le tirara ligeramente de la manga.
¿Que quiere el cuerpo de Ruth? ¿Otro juego? ¿Otro paseo? —Déjame descansar. Es tarde. Pero él sigue, persiste, insiste, no tiene límite.
Mira el reloj: —¿Ahora? ¿Salir? ¿A ver a Jesús? ¿Que he estado allí hace unas horas? Es tarde, es ridículo. Y aún estará allí esa chica, y además hay algo en ella extraño?

(c)Miguel Je Mayo 2013

miércoles, 1 de febrero de 2012

BUENAS INTENCIONES


«No soy como ellos pero puedo aparentarlo
El sol se ha puesto pero tengo una luz
El día se ha acabado pero me estoy divirtiendo
Creo que soy tonto o quizá sólo sea feliz
Creo que soy feliz …»

Años después de haber sido sido editado ayer volví a comprarlo y no puedo dejar de escucharlo. Si estoy fuera de casa me sorprendo tarareando alguna de sus diez canciones, ahora mismo ha comenzado a sonar la ocho: “Deus”, tiene un no sé qué que me hace sentir como cuando tenía veinte años, me recuerda a un íntimo concierto en una de las noches compostelanas... Uhm, mi época en Santiago… Cierro los ojos mientras mis rodillas siguen el ritmo de una de mis favoritas del «Life's too you» de  The Sugar Cubes, siento como si intentara recordar una película, el recuerdo es misteriosamente como el de una película gastada, incluso en blanco y negro, pero sugerentemente erótica y sexual, muy excitante. Fueron, sin embargo, unos años que no cambiaría por nada, fueron esos años curiosamente donde sentí la alegría de la libertad por primera vez y por tanto un grato sentimiento asociado que ha quedado grabado en mi memoria. Me recuerdo, sobretodo, ilusionado; esperándolo todo de la vida, seguro de que estaba haciendo lo correcto y repleto de buenas intenciones. Éramos capaces de soñar en un bar tan frío como la piedra de sus paredes, estoy pensando concretamente en el Modus Vivendi. De qué manera pueden permanecer todavía en mi recuerdo tantas noches consumidas en lo que antaño había sido un establo, tan recio que aún conservaba los grandes comederos de granito reconvertidos en mesas sobre las que reposaban nuestras bebidas mientras divagábamos sobre el futuro, un futuro que ya se hizo presente sin que nadie de mis amores de entonces me acompañe. Sé lo que ha sido de Charo, mi primer y gran amor: felizmente casada, con dos maravillosos hijos y abogada. Ella trabaja de funcionaria interina en un juzgado del Ferrol y vive en la nostálgica ciudad de La Coruña. De igual manera sé lo que fue de otros de mis grandes amores: Manolo Allué, viviendo entre su adorada Tarragona y Nueva York siguiendo relacionado como siempre con el arte contemporáneo: pintando y vendiendo. Añoro de manera especial que ellos no sientan la misma necesidad de saber de mí. Curiosamente fue en el minúsculo aseo del Modus donde Allué me dio a probar mi primera raya de cocaina allá por el invierno del 86, hace ya casi veinticinco años. Será por esa agradable experiencia el motivo por el que muy de vez en cuando rememoro aquella ceremonia profana aspirando ese polvo blanco hasta la mitad del cerebro. 
Recuerdo con especial ternura una noche en la que lloraba en la cama calentitos, acurrucado junto a mi niña, de pura felicidad, me sentía inmensamente querido por ella y por Manolo, ellos dos eran todo lo que necesitaba. Un día me vi en la tesitura de elegir entre ambos y a pesar del mucho dolor que me produjo y de lo maravilloso que me las prometía Allué me decanté por Charo, les quería a los dos pero (yo y los peros) él me había dado un ultimatum y eso no me gustó ni un ápice, así que volví a A Coruña corriendo -bueno, en tren- con mi «gominolita». Ay, mi niña, lo que te echo de menos!!! A ti y a Fernandito, porque lo considero también parte de mí. Tú me lo diste todo, y yo casi, todo lo que era capaz de darte, por darte te di también lo malo y millones de disgustos, pero ahí estabas, siempre dispuesta  a comprenderme, siempre adorándome, yo también lo hacía y lo sigo haciendo, aunque no te lo imagines; no me hace falta. ¡Cuántas veces hablo contigo! ¡Cuántas veces te escribo! No me olvido nunca de nuestras fechas: el día de nuestro primer gran beso, un catorce de Abril después de salir, precisamente, del Modus. Sí, nos besamos, nos dimos la mano y nunca te la solté, yo nunca me separé de ti y tú… Bueno, tú, tú sí porque yo te apretaba tanto que te hacía daño, pero siento tus caricias, sé que alguna vez me sigues acariciando. ¿Cómo lo sé te preguntarías? Pues muy sencillo, siempre pienso que con tu poder y el de tu madre, y el de Allué y quizás el de Fernando os encargasteis de hacer que en mi vida apareciera una persona que lo tuviese todo para llenarme. Es igual que tú con pinceladas de Manolo, que se encargó de que tuviera unos ojos azul mediterráneo -era muy bueno haciendo colores- y  ¡tanta sabiduría! No me queda más remedio que admirarle. Lo tiene todo: tu bondad, vuestra belleza interior, tu capacidad de amar y soportar mis manías si límite… Es mi amante, mi amigo y mi marido. 
En fin, que la vida se encargó de que los tres tomáramos un día caminos diferentes y así vivimos, cada uno en un extremo del país. Charo mirando al Atlántico y los chicos a la vera del Mediterráneo, más cerca de aquel sueño de poner un chiringuito en su orilla. 
Unos años vividos en Compostela en los que estudié Biología, pero por encima de todo aprendí a vivir y a disfrutar con la vida. Era la persona más risueña de la ciudad, a veces aún sigo sonriendo pero no tan alegremente. Santiago no llegó a borrarme la sonrisa pero Madrid sí lo consiguió, allí se me heló el corazón; claro, por eso ahora vivo junto al Mediterráneo, esperando el deshielo.
Las buenas intenciones surgidas y alimentadas en Santiago se fueron perdiendo en Madrid donde a la fuerza me hice adulto. Todavía tengo miedo y ese miedo es el que me impide disfrutar plenamente de la estupenda vida que tengo, incluso a veces pienso que no hice tanto como para merecérmela, pero es lo que tengo y soy casi feliz, por aquello de dejar la posibilidad de mejora.
(c)Miguel Je 2012

miércoles, 4 de enero de 2012

SIN NOTICIAS DE MI MADRE



«Las personas no son sino simples espejos donde poder reflejar tu alegría o tu tristeza.
A ti te toca elegir.»

Nunca he tenido dificultad para escribir sobre mis sentimientos ante la vida. Pienso, incluso, en el beneficio que me ha producido hasta ahora la afición a relatar mis experiencias regularmente desde antes incluso de la adolescencia. Sin embargo hoy soy consciente de que todavía tengo problemas al enfrentarme a una hoja en blanco para «hablar» de mi familia más directa, dejo pasar minutos y minutos sin lograr que salga ni una «hormiga». De pequeño decía que los libros estaban llenos de hormigas, de pequeño decían que tenía demasiada imaginación. Mi madre era, precisamente la que más se quejaba de mi exceso de imaginación, pero también se quejaba de mis ocurrencias que siempre acababan en desastres para ella. Nos hemos querido mucho, pero también odiado. Crecí a su lado y pasados los dieciocho nos separamos. Ahora son muchos más los años separados, pero siempre con visitas y contacto telefónico, y antes alguna que otra carta. Nos vimos por última vez en Abril, estaba aparentemente feliz pero noté menos fuerza en sus ojos... ¡La edad, qué acaba por hacer mella! Fue una mujer que no eligió en ningún momento el camino fácil, se saltó las normas desde muy joven casándose antes de cumplir los dieciocho con un chico mayor que ella al que mi abuelo nunca llegó a tragar. Dejó el pueblo y montaron un negocio pero los contratiempos hicieron que un día lo dejara todo para irse a trabajar a Londres ella sola, en aquellos tiempos, en el sesenta y cuatro, yo tenía tres meses de vida y me quedé con mi padre y mis dos hermanas... Es una mujer moderna, siempre lo fue, siempre consiguió lo que se proponía, nunca ha dejado de ser la protagonista, y ahora lo es más que nunca. Ha sido capaz de hacerme experimentar la más dura y extraña sensación. La experiencia de ver su foto en un telediario, de tocarla en la portada del periódico de su ciudad, no sé si seré capaz de describirla. La primera vez, en el informativo de LaSexta, no pude contener las lágrimas; un escalofrío me recorrió el cuerpo como si de un relámpago se tratara y empecé a tiritar. Soy conocedor de su desaparición desde el último día del año, casi veinticuatro horas desde que se le echó en falta, pero a pesar de ello verla en la TV como protagonista de una noticia de sucesos impacta y me hace recordar todas las veces que viví noticias parecidas e imaginaba cómo lo estarían pasando sus seres queridos, pues ya no tengo que imaginar más, ya conozco lo que se siente pero no sé si sabré describirlo. Cuando tuve conocimiento por mi sobrina Patricia de lo ocurrido me desmoroné pero cuando vi la noticia en el informativo algo se rompió en mi interior más íntimo, diría que en el alma, no de golpe, lentamente. Me quedé poco a poco sin energía, como una rueda que se pincha pero sigue rodando cada vez más despacio hasta que se para quedando aplastada contra el asfalto. Me quedé frío, y un profundo sentimiento de tristeza totalmente nuevo y diferente, nada que ver con la tristeza que yo conocía, ni mejor ni peor, simplemente desconocida.
Desapareció la tarde del día 30 de Diciembre, en Lugo, en la residencia de ancianos de San Roque, lloviznaba. A día de hoy no hay todavía ningún rastro, sigue lloviendo en Lugo desde entonces, pero su teléfono siguió dando señal hasta ayer. Posiblemente uno de estos días luzca el sol, incluso mañana. Tiene 82 años, está bien, al menos lo estaba hasta ese día, pero caminaba ayudándose de un bastón, vamos, bien, pero no para echar a correr, buenas condiciones mentales, quizás no excelentes porque quién las tiene excelentes incluso con mucha menos edad en el mundo que vivimos.
Mi cabeza hecha humo de tanta actividad. Mil suposiciones, intento utilizar su lógica, ponerme en su pellejo, meterme en su realidad asimilando como propios sus muchos cambios en el último año. Dejó su casa para irse a una residencia. Sí, se ha ido con mi padre pero no deja de haber sido un gran golpe. Mucho tiempo para repasar su vida, su realidad, sus metas cumplidas, sus fracasos, sus éxitos, sus problemas de salud, los de mi padre, sus hijos…
Esa día, según mi padre, se había pasado la mañana probándose ropa y joyas, nunca dejó de ser coqueta salvo en épocas de depresión, le pidió pinturas y barra de labios que le trajo en poco tiempo. No le dio demasiada importancia. Yo sí se la doy, a mi me parece que pretendía ir a algún sitio, quizás algún viaje, pienso incluso que tuviera planeado venir a verme. Puede que estuvieran enfadados por alguna reciente discusión, la convivencia, ya se sabe, y en un lugar así pienso que todavía es más difícil. Puede que estuviera harta de vivir en la Residencia en la que no llevaba ni un año, eran sus primeras navidades fuera de su casa en toda una vida. Puede que tantas cosas… Pero seguía teniendo su casa, de hecho se llevó las llaves, o las de sus hijas, o la mía, o la de mi abuelo donde ella nació, junto al río Miño. ¿Por qué se ha ido sin decir nada? Puede haber perdido de repente la razón, puede que estuviera enfadada con todos y nos quisiera dar un escarmiento. ¡OHHH! Pueden ser tantas cosas. Todo suposiciones. No pienso todavía en que le haya pasado nada malo aunque también sé que se puede dar. Es raro que no la hayan encontrado en seis días ya, nadie la ha visto, la conocen pero hace días que no la ven.
En mi familia empiezan pensar en lo peor, pero yo siento que está bien. La siento feliz y más rebelde que nunca, pero ¿dónde?

viernes, 9 de diciembre de 2011

EL «CUCO» DE MANUEL




«Empezar a respirar y volver a lo normal, retornar a la belleza de las cosas inconexas.»

Todo empezó con el «cuco» alemán de Manuel, salvado de uno de sus «naufragios» de alguna de sus vidas. No sé porqué insistí en salvarlo, quizás por un recuerdo infantil, el caso es que me encariñé con él. Yo es que tengo un corazón demasiado grande y poco selectivo, pero bastante heterodoxo. Una mañana se paró. No mi corazón pero sí el «cuco». El hecho de que estuviera desterrado al vestidor no tiene nada que ver con su parada, a él sé que le gusta su emplazamiento y a mí me resulta más agradable escuchar sus «cu-cus» amortiguados por las paredes. Así son «cu-cus» susurrados. Me he acostumbrado tanto a sentir que existe cuando lo necesito. No puedo vivir sin su cancioncilla.
Después vino una rueda del coche, la delantera izquierda, una mañana me la rajaron. Vale, no hay mal que por bien no venga, ahora tengo dos ruedas nuevas y de mejor calidad que las antiguas.
Luego pasó lo del reproductor de Cds. Esto ya empezó a sacarme de quicio puesto que había comprado el aparato a mediados de Agosto, apenas tres meses, y es de una supuesta «primera» marca. Sin mis Cds no soy nadie. Necesito mi música como el aire. Bueno, pues me queda Radio3, que no está nada mal.
Días más tarde, justo la mañana en la que llevaba a reparar el equipo de música me falló la impresora al intentar hacer una fotocopia del ticket de compra. ¡Bueno! Ahí sí que me llegó. Ya me mosqueé de verdad.
Pues aquí no acaba la historia pues ese mismo día empezó a fallar el mando de la TV y no puedo cambiar ni de canal. Ahhhhhhhhhhh…!!!

Llevaba gastadas muchas horas dándole vueltas a estos sucesos hasta que el domingo pasado fuimos a pasarlo a casa de Maite, una de mis amigas más antiguas en estas tierras alicantinas, y no por su edad, que aunque está a pocos meses de los 60 Maite sigue siendo la más moderna, y siempre pionera en el conocimiento espiritual. Pues allí en su mundo, conocí a Aidita (la hija mayor de otra amiga: Aida, por cierto recién enamorada hasta la médula a sus ya 76 años, eso sí, está estupenda, ¡qué vitalidad!). Pues resulta que mi nueva amiga, ya, tiene un don especial... Algunos dirían que es un poco bruja, pero más bien pienso que se trata de una enorme sensibilidad y gran capacidad de observación y análisis. Conté mi experiencia entre cucharada y cucharada de «fabes con almejas» y llegó a la conclusión de que yo necesitaba pararme, ir más despacio, prescindir de tanta tecnología y abrirme a lo más cercano, vamos ocuparme más y mejor de mi entorno. Yo por mi parte también analicé sus palabras y mis sucesos una vez más. También llegué a una conclusión que va a ser mi objetivo a cumplir en los próximos meses: necesito pararme, sí; olvidarme del tiempo, también; cerrar los ojos, abrir mi corazón, agudizar todos mis sentidos y sentir todo lo que me rodea, sobretodo los seres vivos, ocuparme de lo vivo y desocuparme más de lo inerte.Tener más en cuenta lo más cercano ocupándome más y mejor.

Miramos demasiado al más allá, al futuro o al pasado, tenemos que ocuparnos del presente más inmediato y trabajar para hacerlo más agradable, poniendo amor en todos nuestros actos.

¡Vaya! Ahora me falla el reloj de pulsera más bonito que tengo… Ya no sé que pensar, o sí.
 ©Miguel Je 2011

domingo, 16 de octubre de 2011

PENSANDO YA EN EL 20N





¿La voluntad te puede llevar más lejos que el talento o el talento más lejos que la voluntad?

Echando mano del refranero español, me viene a la cabeza aquello de que, «no hay mal que por bien no venga»; entre esto y mi gran positividad, sé que podré sobrellevar lo que ocurra el 20N. Gane quien gane voy a llorar de todas maneras.
Si gana el PSOE, lloraré y pegaré saltos de alegría cuando vea por la televisión el semblante de Rajoy y su santa y pura esposa, haciéndose nuevos planes a toda prisa y poniéndose en la tesitura de tener que deshacer las cajas de la mudanza preparadas con meses de antelación para llevarlas a la Moncloa en cuanto fuera nombrado Presidente del Gobierno. Ver esa cara tiene que ser un éxtasis. Sería, lo sé, una experiencia tántrica.
¿Y si gana el PP? Lloraré igualmente, pero no pegaría saltos. Si me vendría bien no tener la vajilla a mano, pues empezaría a tirar plato por plato al jardín. Pero mirando en este caso el lado bueno recordaré la famosa frase de la serie Fama: —«Tenéis muchos sueños, buscáis la fama, pero la fama cuesta, pues aquí es donde vais a empezar a pagar, con sudor, quiero veros sudar, y cuanto mejor lo hagáis, más os voy a pedir que trabajéis y sudéis...» Rajoy y los suyos van a tener que sudar, y a nosotros también nos harán sudar. Ahí será cuando podremos empezar a descubrir hasta que punto querían una poltrona sin merecerla, o realmente son tan inteligentes que se la merecían.

Si España mejora con Rajoy de Presidente (hecho bastante improbable según mi humilde opinión) volveré a llorar y a pegar saltos de alegría y amaré a Rajoy sobre todas las cosas, pero si nos vamos a pique, entonces me uniré no a los indignados sino a los CABREADOS.

A veces es necesario que el lobo te muerda bien para empezar a defenderte. Quizás solo estando cabreados y jodidos podemos tener la suficiente fuerza social para vencer a los poderes invisibles de la macroeconomía.

lunes, 26 de septiembre de 2011

LA PRIMERA AUSENCIA DE MI ÁNGEL GOODMAN





Close my eyes, after it´s open, then I can to think...

Mi corazón sangra, la sangre se transforma en lágrimas al sentir tu dolor, yo me consumo, me muero de amor sin tu ternura. Todo parece muerto a mi alrededor. Las imágenes las siento sin brillo. A mí ya no me siento, mi corazón no quiere más, pero ahora vivo o muero con el tuyo, con el amor que me dejaste, con el que durante tantas horas me alimentaste. Si pudiera elegir hubiese escogido vivir en ti. Preferiría ser tu huesped a tener que sentir yo por ti.
Estoy lleno de preguntas sin respuesta y cada día recuerdo unas pocas menos. Ni siquiera fumo por necesidad lo hago por costumbre, por lo que me queda todavía de esperar lo que quizás nunca llegue, pues perderé en cualquier momento la pasión que nos mantenía unidos. No puedo más. Te lo dije muchas veces, quizás sea un caprichoso, en esto más que en alguna otra cosa. 
Ni beber, ni fumar, ni tan siquiera doparme me satisface. Ni por esto, que lleva ocurriendo meses, soy capaz de odiar a nadie pero tampoco quererlo. Sí, he perdido la querencia, en una palabra o las que sean: ya no tengo alegría de vivir, ni siquiera ganas de tenerla.
Lo único que me hace continuar son tus caricias hoy ya borrosas y las lágrimas que hacen de antena para sentir también tu tristeza. Mis ojos lloran por ti. Mi corazón siente tu inmensa tristeza, quizás más aún que la mía. Sólo me queda decirte que te querré “forever”. Bye, 

©Miguel Je 2006

jueves, 22 de septiembre de 2011

EL DÍA QUE ME CRUCÉ CON MI ÁNGEL GOODMAN


«Si tienes un problema que tiene solución, no te preocupes.
Si tienes un problema que no tiene solución tampoco te preocupes»

Hubo un momento en mi vida en el que el mundo se me cayó encima; en lenguaje cinematográfico se llamaría «punto de giro», provocado éste por un suceso traumático: el hombre encantador con el que llevaba diez años compartiéndolo todo, dejó de ser un Ángel bueno para mostrar su verdadera personalidad demoníaca.
Fue tal el shock que para poder seguir viviendo salí de la luz de los focos para situarme tras una cámara y empecé a vivir mi inesperada nueva realidad improvisando tras el objetivo, de cristal amarillo (creo que por dar sensación de calidez), para comenzar a rodar una tragicomedia sin guión previo. 
Me dejé ayudar por la brisa, que me empujaba en mi carrera hacia ningún lado y cuando caía en el agua me dejaba arrastrar por la corriente, pero sin llegar nunca a cerrar los ojos para poder observarlo todo. 
No podía pararme, mi único objetivo era andar y andar, sin pensar, solo mirar, disfrutar de lo que veía y analizar exhaustivamente las imágenes que pasaban ante mí. Me alimentaba de imágenes que digería y procesaba bajo una lógica, posiblemente errónea, pero que a mí en ese momento me servía para sobrevivir. 
Adelgacé rápidamente, pero mi cuerpo se mantenía en forma, no así mi mente que fue debilitándose por la falta de sueño, adentrándose cada día más en una falsa realidad y acabé por vivir totalmente dentro de la ficción que había creado para no derrumbarme. 
En mi película, a la que le puse el nombre de «Pasos», mi perro negro Dean y yo éramos todo el equipo, y también los protagonistas junto a un Twingo gris y los lugares por los que nos movíamos: calles, carreteras, parques, bares, áreas de descanso, hoteles... Cuando dí por terminada «Pasos», empecé con «Dean y Miguel Ángel buscando la estrella polar», era lógico pues había perdido totalmente el norte, parecía que empezaba a recuperarme, recobrando poco a poco la cordura, pero otro suceso ocurrido en el parking de una gasolinera BP a la entrada de Villena me llevó el día de mi 38 cumpleaños al hospital Psiquiátrico de Santa Faz. Segundo punto de giro. 
Allí solo, sin Dean, pasé una semana recomponiendo los trozos del puzzle en el que me había convertido. No fue todavía suficiente esa semana en el centro para recomponerme, pero sí conseguí que me trasladaran a Madrid en ambulancia al Clínico, y allí una psiquiatra gallega, casualmente nacida en mi mismo pueblo, me dio el alta al no detectar ningún tipo de enfermedad mental salvo «estrés emocional» provocado por un desengaño amoroso. 
Yo no entendía nada, o a lo mejor lo entendía todo y no podía soportarlo, y volví a correr hacia la única luz que veía al final del túnel: la ficción. En ella me movía como pez en el agua, pero los guiones eran cada vez más oníricos y demasiado surrealistas para entenderlos, tanto que no tenía objeto pararme a escribirlos para luego releerlos. Entonces se produce otro punto de giro, al ser atracado con violencia por dos jóvenes de rasgos árabes. Me rompieron la mandíbula con un adoquín de granito que había amontonados por «palés» en casi todo el centro de Madrid, incluyendo la Plaza de las Descalzas. Todo por un mísero botín (unos cuantos euros, la documentación, incluidas mis dos tarjetas sanitarias: inglesa y española, una cámara de fotos cargadita y el guión de «Lola y María se van a Finestrat»); y me dejaron el llavero, con las llaves de la casita de la playa y del Twingo, y una brújula qué me regaló un amante por mi último cumpleaños. En esos momento me sentí como un gallo al que le cortan la cabeza y corre en círculos sin saber a dónde, chocándose con todos los obstáculos que se interponen en su carrera hacia ningún sitio. Así estaba yo: ciego y herido; sin cabeza fui perdiéndolo todo menos la casa de Finestrat. Solo y sin sentido acabé de nuevo en el Clínico, esta vez por un problema físico. Allí intentaron reconstruirme, al segundo intento lo consiguieron. Mientras mi mandíbula iba soldándose lentamente, yo volví a vagar sin rumbo, andar y correr, en círculos, totalmente cegado por el desconcierto, dándome un golpe tras otro contra cualquier obstáculo que se interponía en mi ciega trayectoria. Al perder la cabeza, no los nervios, y ya perdido todo lo que amaba, me sentí realmente solo; entonces una mañana me paré y me senté a fumar. Alguien vino a hablar conmigo y me cambió su elixir por mis cigarros. Mi mente se abrió, llamé a un conocido, le pedí 50 euros y cogí un autobús a Galicia. Me dormí instantáneamente y cuando abrí los ojos circulábamos paralelos a la muralla romana. Allí empecé a vivir el penúltimo guión: «Fumar mata pero vivir remata».
Casi recuperado volví a Madrid cargado de productos de la Tierra y algo de dinero en un coche alquilado, el mío estaba en el taller recuperándose de un choque tonto. Tenía que irme hasta Finestrat pero no lo hice porque quería recuperar a Dean, para recrear la «road movie» que me habían robado. Los días pasaban, yo me iba viniendo abajo, y una madrugada de domingo, que era el único día que tenía permiso para estar con Dean, cansado de correr sin rumbo y sin tino me desplomé sobre la hierba del parque, «nuestro Parque». Mi perro negro tumbado con la cabeza sobre sus patas vigilando mi inconsciencia, sin dejarme hasta que mi cuerpo inerte volvió a la vida. Le busqué con mis manos, al sentirle me tranquilicé, entonces abrí los ojos y lo primero que vi fue un cielo gris, que se iba ennegreciendo por segundos, me incorporé y me abracé a Dean que ya se había levantado; él era lo único que tenía, nunca me había fallado, me dio un beso con su lengua rosada y comencé a llorar. No sabía qué hacer, ni a donde ir. Solos los dos en medio de un gran parque... Miré la hora, ya pasaba de las dos, y ¡tenía que haberlo devuelto a las doce! Debía pensar alguna solución. Toda mi vida estaba repartida entre un coche y una casa que odiaba y lejos de la ciudad donde me encontraba. En ese momento tenía a Dean, un lugar donde vivir (la maravillosa casa de mi buena amiga Begoña, un lujoso duplex frente al museo del Prado), en otras circunstancias eso me bastaría para ser feliz, pero estaba sin fuerzas, sin ilusión, a punto de rendirme. La realidad que sólo veía era que tenía que separarme de mi «niño» porque legalmente pertenecía a mi ex. Me había excedido del tiempo que él me daba para tenerlo conmigo, tenía que devolvérselo; precisamente no necesitaba más líos, pero tampoco quería separarme del único ser que me quería incondicionalmente y al que yo adoraba. Siempre he pensando mejor paseando, corriendo, caminando o pedaleando y, sobretodo, fumando; le puse la correa a Dean encendiendo a continuación uno de los últimos cigarrillos que me quedaban y echamos a andar por el sendero que circundaba el parque. Caminar en círculo adormece la mente y como los pollos sin cabeza me dejé llevar por la fuerza del amor: lo miraba todo y todo en el parque se transformaba en belleza. Mis pasos eran cada vez más rápidos, el cielo más negro y cercano, tanto que parecía que fuera a desplomarse sobre nosotros. De hecho empezaban a caer suavemente unas gotas enormes cuando de repente a lo lejos vi a alguien sentado en un banco. Era otro superviviente de la hecatombe. Dean y yo ya no eramos los únicos que estábamos vivos.
Nos fuimos acercando por el sendero hasta pasar a su lado, le miré, Dean tiró de mí hacia él, entonces le reconocí: era el nuevo Ángel que el Universo me había otorgado para acompañarme en el nuevo camino que ya había emprendido. Me senté a su lado, le dije hola y comencé a llorar. No podía parar, aunque lo intentaba, lloraba por todo lo malo despojándome de toda la mierda acumulada, y así estuve no sé cuanto tiempo, hasta que también empezó a diluviar. Nos levantamos, y casi corriendo fuimos hacia la que hasta hacía poco había sido mi hogar, para dejar a Dean con el «demonio». Mi miedo había desaparecido.

Mi Ángel bueno se llamaba Guzmán, y poco a poco descubrí que era también un hombre encantador. Diez años después de ese día sigue aquí, a mi lado. Dean, sin embargo, nos dejó hace ya cinco años.

©Miguel Je 2011

domingo, 28 de agosto de 2011

JOSITO ERA UN HOMBRE ENCANTADOR... Y, A VECES, UN ÁNGEL BUENO


«Quiero ser el único que te muerda la boca...»

A Josito le encontré una madrugada de primavera. Esa tarde había roto con mi pareja con la que llevaba unos cuatro años y me encontraba descolocado. Actué de una manera demasiado tópica: discutes con tu pareja, rompes con ella y te vas a emborrachar, sin importarte en como pueda acabar la noche... A oscuras, ciego de piñas coladas y con el fuego de un «dragón» expandiéndose desde mi lengua, me dejé guiar por el instinto y por el tacto, hasta que mis manos acariciaron su cara...
—¡Tú sí!
Con su cara todavía entre mis manos le hice pasar una última prueba acercando mis labios a los suyos para besarle. Saltaron chispas y nos mantuvimos unidos, rodeados por cuerpos desnudos en la oscuridad de la sauna, a las tantas de la noche, seguramente a punto de amanecer. Ya de día cruzábamos la Gran Vía cogidos de la mano, mirándonos sonrientes y con ganas de tumbarnos abrazados en una cama. Al mirarle me pregunté si no vería mejor en la oscuridad que a plena luz. Había encontrado un Ángel justo después de haberme desecho de un demonio.

Fuimos amantes durante años, amigos para siempre, pero nunca conseguimos establecer una relación de pareja, quizás éramos demasiado iguales, a pesar de intentarlo alguna vez y planificarlo unas cuantas.
Josito era dos años mayor que yo, ambos habíamos crecido sin padre al ser criados por una tía... Nos sentíamos como dos adolescentes que se enamoran por primera vez, y actuábamos encima como tales. Pasábamos los fines de semana en su casa y el resto de los días nos veíamos unos minutos; yo trabajaba en el CSIC por las mañanas, por la tarde tenía clases y a las ocho entraba de camarero en un pub, «Trappola», al final de Serrano, que se llenaba cada noche de niños pijos enloquecidos por la música de grupos ñoños españoles, como los «Hombres G». Los viernes y sábados venía a última hora, se incorporaba al grupo de mis locas amigas: Lola, Teresa, Paloma y Gala, pero se le notaba incómodo, no le gustaba que nos separara una barra. Cuando por fin salíamos, ya metidos en su «panda» negro, -por cierto, coche con el que aprendí a conducir en Galicia en nuestras primeras vacaciones juntos, cuyo destino final era Lisboa, y lo fue, pero mucho más fugaz de lo esperado-, me daba un beso con sorpresa, una pastillita que mordíamos a la vez, quedándonos cada uno con la mitad, y nos íbamos al centro, a una disco de Callao a bailar como posesos. El domingo, que ambos estábamos libres, nos íbamos al Reina Sofía, al Tyssen, al rastro o a algún rodaje, luego el aperitivo por la Latina, comer en algún restaurante de Chueca y por la tarde, de cine. Luego a casa a ver la TV o a leer. A los dos nos gustaba escribir, leer, él me escribía cartas, poemas, me hacía canciones, era todo un hombre encantador, demasiado perfecto para ser real, pero sí lo era. A veces le daba el punto y se ponía a pintar, salían de sus dedos pinturas magníficas. Un día dijo que quería pintarme, o fui yo, el que dije que quería tener un retrato como la maja de Goya, no recuerdo bien, posiblemente haya sido una mezcla de ambos. Y lo hizo, pero nunca llegó a rematarlo, un día que me enfadé me lo llevé todavía con la cara sin definir; decidí que me gustaba así.
Nos gustaba jugar, juegos que nosotros mismos nos inventábamos… Ah, Ah, extraños juegos... Jugábamos a crear guiones, que interpretábamos al tiempo que íbamos improvisando, sin necesidad de llegar a escribirlos. Relatábamos en voz alta lo que íbamos haciendo...
— «Y él le dijo...» 
— «A lo que ella respondió...» 
Correteábamos por la casa a carcajadas por nuestras ocurrentes frases. Sus compañeros de piso nos miraban alucinados, pensaban que Josito se había vuelto loco y que yo ya venía así, no les parecía una buena influencia, por lo que no les hacía gracia mi presencia. Se conocían de Málaga, Cipri había sido su novio y andaba desconcertado por su inesperado ataque de celos y por tanto demasiado ocupado en no coincidir con nosotros. Se ponía muy tenso cuando nos cruzábamos. Por otro lado le notaba triste, sería que se había dado cuenta de que Josito se le iba para siempre. En cambio el otro: «mariconita express», era todo excesivo en él, incluso la envidia por vernos enamorados, nos hacía la vida incómoda, siempre siguiéndonos allá donde íbamos... ¡Qué pesado, ay que pesado! Al final la situación se hizo insostenible y Josito se convenció por fin de que era hora de independizarse y cambiamos el enorme ático por un estudio en alquiler en la plaza de los Mostenses. Tenía un balconcito que daba a la plaza, muy soleado. Pusimos una mesa y dos sillas, y ya tuvimos terraza de verano; unas cuantas plantas y aquello era un paraíso. Lo del apartamento fue para mí una sorpresa, pues estaba ya harto de decírselo y de repente un día me llevo a ver apartamentos, hasta que ese nos encantó a los dos. Pero aún así no me fui a vivir a él, pues ya habíamos hecho el famoso viaje en espiral -Madrid, Galicia , Lisboa, Madrid- y yo ya había descubierto el mucho daño que podíamos hacernos. Le di largas, pero fuimos alimentando otro sueño, otro plan... Queríamos marcharnos a vivir a Londres en cuanto acabara yo mi curso y él terminara su contrato en una empresa de publicidad y diseño gráfico. Josito allí se dedicaba a hacer los carteles de películas, casi todas españolas, gracias a eso íbamos a todos los estrenos y fiestas que eran compatibles con nuestro trabajo. Salíamos muchísimo, realmente lo pasábamos genial.
Hay viajes que quedarán para siempre, como el que hicimos al monasterio de Piedra, a Galicia, a Lisboa por toda la costa desde Vigo,  o cuando cogí un autobús a las doce de la noche para ir a verle a Málaga... Boom, boom, se me acelera el corazón... Pero también hay viajes que nunca hicimos, o alguno que hicimos por separado. Hay planes que ejecutamos y otros con los que no pudimos. Por ejemplo yo sí me fui a Londres, un día harto de esperarle desaparecí. Pensé que si me echaba de menos se atrevería a empezar desde cero conmigo, en otra ciudad, en otro país. Me echó de menos, vaya si lo hizo, a las dos semanas de estar allí recibí una carta con un único folio, este era su contenido:

«Quiero compartir mi vida contigo
sentir las horas y los minutos, contigo
viajar en el día y entrar en la noche contigo
cerrar los ojos y despertar a tu lado, contigo.

Quiero hacer planes y deshacerlos, contigo
comprar comida y cocinar contigo,
leer un libro y escribirlo contigo
pintar, pasear, tener esperanzas, contigo.

Quiero sentarme en silencio, contío
hasta escuchar nuestros silencios, contigo
y reírnos hasta llorar contigo
caminar y viajar juntos, contigo
descubrir paisajes y cosas nuevas contigo
que nos caiga el sol y la lluvia contigo

Quiero vivir, simplemente, contigo
sin más propósito que vivir contigo
hasta aburrirnos de vivir, pero contigo»

Me emociono al volver a leerlo, de hecho fue una canción que tiempo después me cantó. Pero en el momento de leerla en mi habitación de la casa de los Willson, en Ealling, me dio mucha pena. Ya no había marcha atrás, yo ya había pasado los quince días reglamentarios de safari emocional para olvidarle y ya estaba de nuevo enamorado de otro Ángel encantador.
©Miguel Je 2011

viernes, 12 de agosto de 2011

¡Por ti, por mí, y por todo lo que pueda pasar esta noche entre los dos!



«Recuerda recordar y se consciente»

La segunda persona que a lo largo de mi vida me regaló flores era un hombre encantador. Yo salía de clase, por aquel entonces yo estudiaba «realización de video interactivo multimedia» en el CEV, pasarían unos minutos de las seis de una tarde de otoño. Él me esperaba cada día en una plaza casi al lado del palacio de Liria: plaza de Cristino Martos. Bajaba por la calle Manuel con mi carpeta verde manzana bajo el brazo y le vi apoyado en el tronco de uno de los plátanos orientales que hay por toda la plaza. Sonreía. Yo también, por mi alegría de verle, por el amor en el que ambos vivíamos… Cuando llegué a su lado le di un furtivo beso en la mejilla; al separarme, él sacó su mano que tenía escondida en la espalda, y ante mí apareció un enorme ramo de rosas rojas a punto de abrir, de tallo muy largo, justo debajo de mi nariz… ¡Qué aroma!
Todavía puedo olerlas. Eran las rosas más bonitas y frescas que había visto nunca. Mi corazón se perdió un latido, y luego quiso recuperarlo a ritmo frenético. La cara empezó a arderme...
—¡Toma, son para ti!
Yo las cogí torpemente, las miraba y le miraba e él. De mi garganta no salió ni un gracias pero sí fui capaz de darle un beso en los labios.
—¿Nunca nadie te había regalado flores?
—Sí, pero es hoy la primera vez que alguien me regala rosas... y encima huelen.
—¿Tomamos una cerveza antes de irnos?
Y entramos en la taberna de la esquina, yo con mi ramo, que ya quisiera yo que fuera plegable pues no sabía donde meterlo y él con  su pequeña decepción. Era el año 94 y todavía la homosexualidad no era tan visible, ni tan aceptada como actualmente. La gente, en general, no veía tan natural que una pareja de hombres se besaran en la calle. Ni él ni yo podíamos disimular nuestro enamoramiento, se notaba a leguas que éramos pareja, y además yo con el tremendo ramo en la mano acercándome a la barra de una taberna de barrio. El camarero, un hombretón ya mayor, nos saludó con cierta ternura, me sentí entonces menos inseguro. Ahora me parece una inmadurez, por mi parte, el hecho de haberme sentido tremendamente avergonzado de llevar por la calle un hermoso ramo de rosas… A Josito empezaba a notársele también su incomodidad y un ligero desconcierto ante mi torpeza.
—¡Me da vergüenza pero te quiero!
Él sonrió y me besó en la mejilla. Justo en ese momento llegó el tabernero con las dos cañas…
—¡Dos cañitas frescas por aquí!
Sonrió y desapareció en el office.
—¡Por ti, por mí, y por todo lo que pueda pasar esta noche entre los dos!
Dijimos los dos a duo, a la vez que chocábamos las botellas por el culo, luego por el cuello y al decir «esta noche entre los dos» frotábamos las dos botellas de «San Miguel».

domingo, 24 de julio de 2011

ADIÓS AMY!!! SEE YOU LATER!!!








«Las estrellas que brillan el doble, duran la mitad que las demás»


23 de julio por la tarde, leo en la pantalla del televisor: — ˝última hora: La cantante Amy Winehouse ha aparecido muerta en su casa del norte de Londres”; sentí como un escalofrío que recorría todo mi cuerpo.

Hace unos cinco años que la escuché cantar por primera vez, y me enamoró; fue un flechazo, que se acrecentó al ver cómo era físicamente. Era un chica peculiar, con estilo propio y fuera de toda norma. Su forma de vida, su imagen (vestuario, maquillaje y peinado ) le daba un aura de verdad y, sobre todo, de libertad. Su estilo fue copiado por muchas jóvenes y adolescentes. Era solitaria, pequeña y con apariencia frágil a pesar de su actitud algo «macarra». Le gustaba pasear sola por las calles de Londres. A mí también!!!

Muchos pensarán que es una pena que un «talentazo», como lo era ella, se fuera degradando por las drogas a un ritmo vertiginoso: «¡Malditas drogas!» Puede que la droga haya sido el mecanismo detonador que la llevara a desaparecer una tarde de finales de Julio, pero pudo haber sido una bala, una intoxicación etílica, una caída, … Ella se fue y punto. Pero nos deja un pequeño legado, que es un gran regalo, con todo el sentimiento y emoción que ella nos entregaba: sus canciones. No hay ni una sola que no me guste, y tardaría tiempo en poder elegir una de entre todas, quizás «Back to black»... pero es que de su primer CD: «Frank», podría escoger cualquiera. Me hubiera gustado conocerla personalmente. Hubiese deseado saber cómo era, y cómo y porqué fue evolucionando hasta desaparecer. Se hablaba de sus escándalos hasta la saturación, pero qué había detrás de todo ese descontrol. No lo sé pero me importa.

Sé que había hecho un disco con canciones de ritmo reggae y que su discográfica lo rechazó. Me apuesto que no tardarán en editarlo y qué será su gran éxito. Yo correría a comprarlo. También tenía otro cociéndose, ya con el beneplácito de la compañía, de ese dudaría, pero por oirla seguro acabaría por adquirirlo.

Ella consiguió muy joven y en poco tiempo el éxito profesional. Todo por su enorme talento, por su voz, pero también por su acierto a la hora de componer sus canciones. No engañaba a nadie, no le importaba nada el que dirán, pero su éxito profesional no llenó sus anhelos, lógicamente para ser feliz se necesita amor, y ella tuvo un gran desengaño, no fue afortunada en amores. También un posible desencanto del «show business» ayudó a que cada vez se refugiara más en las drogas, llegando a excederse sin ningún control, quizás, precisamente, por falta de amor, por falta de tener a su lado una persona que le diera equilibrio. Por su especial personalidad parecía reírse de todo, de todos, incluso de ella misma.

No sé, y mira que me gustaría, qué pensaría ante un inminente concierto: ¿quería o no darlo todo? Pero por qué llegada la hora, salía al escenario con sus facultades excesivamente mermadas. ¿Estaba tan contenta que no paraba de celebrarlo y cuando llegaba la hora de la verdad se había pasado, o por el contrario se sentía tan aterrorizada ante la subida al escenario y enfrentarse a su público al que deseaba agradar, y no sabía que sólo con su presencia y su voz era suficiente para enamorar a todos los presentes. O quizás ya todo le importaba un pito porque ya no le gustaba la vida, el mundo... Sea lo que sea Amy se ha ido.

La recordaré siempre, escucharé sus canciones de vez en cuando, cuando la eche de menos o cuando quiera, seguirá viva porque muchos la seguiremos recordando. No veré imágenes de sus excesos. Me quedaré con lo mejor y con esa carita de niña mala pero tremendamente frágil y desencantada.

No pienso que las estrellas que brillan el doble se apaguen a los 27, creo que es coincidencia y punto.

Te quiero AMY!!!
 ©Miguel Je 2011