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miércoles, 25 de febrero de 2015

L' Spill



«Y es que el destino no es una cuestión de suerte; es fruto de una elección.»

Una vez al describir a un amigo escribí de él que era mi misma imagen en un espejo. Recuerdo también que un día me atreví a decírselo y no me entendió lo que quería expresarle, y no por culpa de mi mal inglés pues llevaba apenas unas semanas viviendo en Londres y la verdad todavía me costaba, aún hablaba traduciendo mentalmente del español, así que hablaba lentamente y haciendo muchas pausas, por eso no era difícil entenderme lo que decía. Él entendió mis palabras pero no el significado de la expresión. Éramos iguales, como cuando te miras al espejo, ¡clavados!; pero como con la imagen de un espejo, no la puedes tocar, las separa un cristal. Esa sensación la tuve pasada apenas una semana de conocernos, por cierto, en una fantástica fiesta, guinda de una noche memorable de la que seguro escribiré en otro momento que venga más a cuento. Yo me estaba enamorando y eso me frenó, lo hizo porque me asustó, me dio miedo, miedo a perder la cabeza, miedo a perderme, miedo a sufrir; supe que sería así si continuaba. Esto ocurrió una noche mientras le esperaba a que llegase de la facultad -él también era biólogo. No le dije nada, ni por llegar tarde ni de mi premonición, simplemente nos lavamos los dientes, nos metimos en la cama e hicimos salvajemente el amor; y sí, digo bien, el amor -si hay algo que sepa diferenciar bien es follar y hacer el amor. Nos levantamos a comer algo y nos volvimos a lavar los dientes, otra manía que compartíamos. Hablamos y hablamos hasta que casi amaneciendo se quedó dormido y yo me levanté sigilosamente y me puse a escribir lo que se me ocurrió, empezando por:
 «Mounir duerme feliz como un niño chico, Mounir es mi misma imagen en un espejo, es mi revés, soy yo girado 180º, miro sus ojos y los reconozco míos…
Cuando uno se encuentra ante un espejo y se mira, ve. ¿Qué podemos ver? Todo lo que queramos, pero lo primero que solemos hacer es mirarnos a los ojos, miramos nuestros propios ojos. Un espejo es un gran libro lleno de respuestas, y de sorpresas o sustos...»

Hoy añadiría que un espejo no tiene por qué ser de cristal, todo lo que refleje una imagen es un espejo, nos podemos reflejar en los ojos de otra persona, incluso en los de la persona que amamos o de la que estamos locamente enamorados. También nos podemos confundir y creer que estamos ante un verdadero espejo y simplemente es un cristal que no refleja y si transparenta. Cuando realmente estamos ante un espejo nos vemos reflejados y empezamos a entender y a vernos realmente como se nos ve en él, como nos vemos nosotros a nosotros mismos; un espejo no nos dará la imagen de cómo nos ven los demás, salvo en una excepción: cuando enamorados nos miramos en los ojos de nuestro amor, entonces sí que podemos descubrirnos por los ojos de otra persona; ahí sí que podemos ver como se nos ve. No siempre estamos preparados para vernos realmente cómo somos, nos puede asustar vernos reflejados en alguien, es fácil que descubramos una realidad que no nos satisface. Ahora entiendo muchas sensaciones que en su momento malentendí pero que a pesar de ello puedo decir que reaccioné inconscientemente bien. Dejar una relación cuando estaba tan a gusto sólo porque creí ver que era mi reflejo es raro, no me extraña que Mounir no me entendiera cuando le dije que él era mi misma imagen reflejada en un espejo pero, sin embargo, luego si entendió los motivos por los que no quería continuar, seguramente él sentía lo mismo que yo: que ambos habíamos traspasado el espejo como Alicia. Yo me metí en él y me vi con sus ojos y a él le pasó lo mismo. Eso nos asustó y nos puso de acuerdo, no estábamos preparados, teníamos mucho que aprender y juntos nos era imposible. Aún así nos dimos un fin de semana juntos, los dos solos, dando rienda suelta a nuestro amor disfrutando de una primavera londinense rebosante de flores multicolores, luminosa a más no poder, sabiendo el día y la hora en la que la carroza se convertiría en calabaza pero ajenos completamente a los relojes. Fueron dos días y dos noches maravillosamente inolvidables en los que no sólo descubrí nuevos placeres, descubrí al mejor amante, al mejor amigo, me descubrí a mí, descubrí un Londres que no había visto antes, descubrí el poder del amor. Aprendí en cuarenta y ocho horas a quererme y a valorarme como nunca antes. El domingo después de comer en una terraza en Portobello me acompaño al metro y nos fundimos en un abrazo, y lloramos... Lágrimas de felicidad, lágrimas de despedida. Fue duro decirnos adiós, no lo hicimos realmente, solamente dijimos: see you again!!! Pero aún no ha ocurrido, él se fue al poco tiempo a vivir a San Francisco, como eran sus planes, a seguir con su investigación del HIV y yo también acabé volviendo a Madrid para continuar mis estudios de producción y realización de TV. Eran nuestros objetivos y los realizamos. No hemos dejado de saber uno del otro, por cartas, por teléfono, por email y ahora por facebook. Ha vuelto a Londres, ha conseguido lo que que quería, es un reconocido investigador en el mundo de la virología pero seguimos viviendo cada uno a un lado del espejo. ¿Quién de los dos se atreverá a cruzarlo antes?

©Miguel Je 2015 Febrero

lunes, 23 de febrero de 2015

LA HUMILDAD

«No envidies nunca la vida de una persona, pues no sabes cuánto camino lleva recorrido.»

Hay días de invierno que me son propicios para recrearme en la nostalgia. La mayoría de las veces me surge por intentar encontrar algo perdido entre mi desorden y otras por la necesidad de poner un poco de orden ante la llegada de algún invitado o invitados. Hoy, por ejemplo, ha sido porque no encontraba unos papeles del catastro; busqué en varias carpetas en las que por lógica deberían estar, por contener documentos oficiales, y nada. Miré por estanterías, entre mis papeles mundanos, en carpetas con recortes y hojas de periódicos ya envejecidas con artículos escritos por nosotros durante los años del «boom inmobiliario»; y nada. De repente, encima de la impresora, vi una montaña de papeles y me lancé a ella. La revisé meticulosamente; había un fajo de quinientos folios aún vírgenes más unas cuantas revistas de Rock de Lux, fotos, un libro sobre el cine de Almodóvar y dos carpetas: una transparente y otra de cartulina amarilla, precisamente fue ésta la última que examiné, y nada más abrirla me encontré con un texto escrito aún con la «olivetti» eléctrica que, todavía, conservo -es que soy tan sentimental que nunca me desprendo de aquello que amé, y esa máquina tiene su propia historia, y hoy no toca, pero recuérdamelo otro día y te la cuento-, tenía un título centrado en mayúsculas: «LA HUMILDAD». Seguí leyendo:

   «Paciencia y confianza no deben faltarnos nunca, pero en esta sociedad de fin de siglo son difíciles de conservar. Pararse y mirar no es tan fácil, hay tanto que ver y, además, los problemas que nos surgen cada día nos aceleran y por tanto nos ciega impidiéndonos valorar lo bueno que, también, siempre nos rodea. Vivir en esta sociedad cuesta cada vez más, al menos a mí y también es lo que veo a mi alrededor: vivir mata... y fumar remata -por cierto, últimamente no paro de fumar, he de controlarme-.  La sociedad está programada, y si uno se sale del ritmo exigido acabará por perderse en el universo del caos; atemorizados les gusta tenernos. Y digo yo que toda bendición que no es aceptada se convierte en una ilusión para ellos y una maldición para nosotros. Por ejemplo: si el solitario es una maldición de familia el misterio del solitario es su bendición aunque no sea su mayor ilusión. He oído muchas veces que cuando uno desea algo todo el Universo conspira para que puedas realizarlo pero, por experiencia, puedo decir que no siempre sucede instantáneamente  este hecho pues lo deseado ha de sernos realmente necesario para nuestra evolución.
La vida está llena de ciclos, todos lo sabemos, pero lo difícil está en sobreponernos a ellos. Un ciclo sólo nos prepara para el siguiente, por eso pienso en la gran importancia que tiene la  humildad, una  virtud imprescindible que nos capacita para aceptar nuestra evolución. El diccionario define en su primera acepción esta palabra como una virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento; la segunda se refiere como la bajeza de nacimiento o de otra cualquier especie; la tercera: sumisión, rendimiento. Yo añadiría que la humildad es un sentimiento de la propia inferioridad. Ser humilde es ser consecuente, es no ser como no nos gusta que sean con nosotros;  ha de haber una relación lógica entre los principios y la conducta de una persona. Cuando algo no va bien no debemos dejarnos arrastrar por la inercia pues eso sólo nos conducirá a algo peor.
Hace unos meses decidí cambiar de ciudad pensando que con el cambio solucionaría una vida que no me llenaba. Cometí un tremendo error escapando de un problema en vez de solucionarlo,  y éste me llevó a otro y así hasta encontrarme en el caos. No fui humilde, ni por tanto consecuente y ahora no puedo borrar nada de lo que me ha pasado. Voy a ser humilde ahora, reconozco mi error...»

Uff, han pasado tantos años, tantos como dieciséis, y ahora lo entiendo todo... Gracias a mi ataque de humildad ese día estoy hoy aquí, y es más, puedo decir que ha sido un tortuoso pero divertido camino para llegar al mejor lugar: el pueblo donde me crié, el pueblo de mis más tierna infancia. Reconocer mi equivocación fue un primer paso para acabar volviendo a resolver los problemas de los que había escapado. Y aquella dura vuelta ahora la veo perfecta, me hizo crecer, me hizo ver, me hizo saber, me hizo encontrar el verdadero amor, el amor incondicional; sí, ocurrió porque ya estaba preparado para corresponderlo.

Sigo leyendo:
«... y afrontando el trabajo necesario para salir del pozo. He viajado sólo pero he implicado a más personas en mi caída. He perdido a mi pareja, le he abierto los ojos y me ha visto: le he mostrado lo peor de mí, no ha podido soportarlo y me ha abandonado.. Ahora estoy solo y hundido; reconozco mi debilidad y lo poco que soy sin su apoyo. Mi pareja... mi pareja... ¡¡¡No!!!  ¿Ya puedo decir su nombre sin echarme a llorar? Veamos: VICTOR. Víctor, Víctor... Y me eché a reír, ¡hacía tanto! Victor era mi único punto de referencia válido.
Ahora estoy solo ante mí. Yo soy todo lo malo y lo bueno que tengo. No me queda más remedio que quererme y seguir mi evolución; si no me quiero yo, ¿quién me va a querer? He de levantarme de mis ruinas y caminar lento, humilde y sumiso; cuidar de lo que me rodea y generar yo mismo un círculo de Energía positiva.»

Fue un buen paso, una buena reprogramación que funcionó. Volver a la gran ciudad desde ese momento me costó apenas unas semanas. Es verdad que a partir de ese momento el Universo acordó organizarlo todo para que yo volviera a Madrid. Por poner un ejemplo: en pocos días una amiga me contó que otra actriz amiga suya se venía precisamente de allí a trabajar al parque de ocio Terra Mítica y estaba buscando un intercambio de casa. Eso fue perfecto, ya no necesité más detonantes. Nos caímos bien, le gustaban los animales... eso me dijo la muy zorra y me lo creí: le dije que había un gato que venía a comer a menudo y que entraba por una ventanita del baño, que no se la cerrara y le pusiera comida en su cuenco, un cuenquecillo lila; esa fue mi única condición para intercambiar las casas. Todavía me estremezco cada vez que limpio esa ventana y veo los arañazos de mi adorado Aurelio por tratar de abrir la ventana, en fin...

«... Todavía es Otoño, pero es el más frío de estos últimos años; los nativos de la zona lo comentan, y yo lo sufro a pesar de mi helado corazón. Las noches se hacen demasiado largas y solitarias para ahogarme en lágrimas borracho de libertad. Todo es más duro sin un hombro sobre el que reposar la cabeza y mi cuerpo se tensa de añoranza. Mi mente cansada busca algún recuerdo agradable para perderse y poder descansar. Con los ojos cerrados veo otra ciudad: es Venezia, donde hace años nos prometimos amor eterno... No quiero pensar que todo terminó, no quiero despertarme del sueño y encontrar tu lado vacío. Amanece un nuevo día y sin ti, existe, aunque no lo quiera, una nueva realidad.

No me queda más remedio que aprender a vivir con tu recuerdo y sin tu presencia. No me queda más remedio que aprender a vivir sin tu recuerdo. No me queda más recuerdo que aprender a VIVIR.»

Y aquí sigo: aprendiendo a vivir viviendo.

©Miguel Je 2015 Febrero

martes, 4 de febrero de 2014

Mi padre, mi sastre, mi maestro.


«Perdimos lo que no teníamos; son maneras de encontrar.»

Hace dos años era domingo, hoy es miércoles. Hace dos años estaba en el este, hoy estoy en el oeste. Hace dos años yo emprendía viaje hacia aquí, hoy voy hacia allí. Hace dos años conducía llorando, hoy lo hago sonriendo y cantando las mismas canciones que sonaron en todo el trayecto una y otra vez durante las diez horas que tardé en atravesar la península de un extremo al otro. Diez horas de lágrimas, diez horas de rabia, diez horas hablándote entre gemidos, y tú sin decir nada, ¿qué podías decir si estabas muerto? Sólo podías escuchar todo lo que en vida no había podido decirte, quizás porque nunca había tenido el valor de hacerlo o porque pensaba que no te interesaban. Ahora sé que yo estaba equivocado, ahora sé un poco más, ahora como puedes ver soy más simple, menos orgulloso y mucho más práctico. Desde que te conocí, con cuatro años, nunca nos entendimos. Te odié durante demasiado tiempo, luego pasé por una etapa en la que te ignoré y sólo unos meses antes de que sonara el teléfono ese domingo a las ocho de la mañana me di cuenta de que te quería, creo que lo descubrí en el mismo momento en el sentí que yo te importaba y que siempre había sido así. El día en que mi hermana mayor me comunicó tu muerte (la pobre ha tenido que darme las dos noticias más jodidas de mi vida) me di cuenta de yo fui el que te cerró la puerta de mi corazón, y lo hice porque nunca te perdoné que me arrancaras de mi lugar, de mi Tuiriz querido, del lado de mis tíos con los que me había criado en la casa «encantá». Para mí eso fue terrible. Recuerdo la primera noche que pasé con vosotros en aquel caserón por el que paso de vez en cuando, y que cuarenta y cinco años después aún me da escalofríos. Esa noche la pasé llorando en aquella cama con colchón de hojas de maíz, primero a gritos hasta que oí a mi madre decirte: —Pobriño vou a sua cama... Y tú le respondiste con tu voz de mala hostia: —Deíxao que chore que é un mal nacido!!! Yo me callé, y pensé que no te iba a dar el gusto de oíme llorar. Tenía cuatro años pero ya era tan zorro como tú. Y sí, seguí llorando, pero en silencio, y me prometí hacerte la vida imposible. Debí de conseguirlo, pues no tardaste ni un mes en volverte a Londres. Volvías cada año pero nada; no nos soportábamos. Yo nunca hablaba de ti. Me creí huérfano, y me funcionaba. Pero cuando yo estaba a punto de cumplir dieciocho tú te jubilaste y volviste para instalarte y joderme mis planes y mi cómoda existencia. Sí, me hiciste daño, mucho daño; y a veces el daño no se cura, pero yo lo hice consiguiendo que me echaras de casa. Y ahí dejaste de existir una vez más para mí. Durante unos cuantos años tuve pesadillas contigo, pero un día me olvidé; o me curé. Muchos años después recordé que tenía un padre cuando la vida se me torció, y te pedí ayuda, y me ayudaste. Unos años después volví a recurrir a ti, esta vez de una manera muy sucia, lo reconozco, y a pesar de todo volviste a hacerlo; lo siento. En ambas ocasiones te di las gracias. Ay, no era mi intención recordarte estos escabrosos hechos, pero ya ves… No te había pedido perdón nunca. Por alguna razón se dice que nunca es tarde para hacerlo. Sé que te hice daño, nos hicimos daño, pero tú lo has enmendado. Tú me devolviste todo lo que un día me quitaste; todo, y más. Puede que nadie lo entienda pero así es, si viví tantos años sin ti a mi lado, desde ese domingo no te has separado ni un momento, y cada día me cuentas y me enseñas a vivir y me haces entender todo lo que has hecho por mí. Te has metido dentro de mí y te has quedado, y disfrutamos juntos de la vida, de la tierra, de las pequeñas cosas, de los momentos; me haces reír, soñar y amar. Y encontré el lugar gracias a ti, el mismo lugar donde con nueve meses me dejaste; el mismo donde tu naciste, el mismo al que tú volviste desde Londres. El mismo al que tú me trajiste desde Alicante, en el que descansan tus huesos, en el que bailamos sin cerrar los ojos, en el que nos moja la misma agua, en el que nos ilumina la misma luna, en el caminamos a ningún lugar, en el que no nos hacen falta los suelos, en el que hay tantos caminos para andar. Y por fin ya no me arrepiento de ná, ni tú tampoco; este camino sí que me llena. 
Recuerdas que te enfadaste cuando te enteraste que estaba estudiando Biología, y yo continué todavía con más interés, y me especialicé en Genética… 
Y ahora lo entiendo todo. Llevo tus genes, somos como dos gotas de agua. Los dos nos criamos en la misma casa, los dos nos fuimos de esta tierra, los dos nos perdimos por el mundo, los dos quisimos volver y quedarnos solos. Los dos tuvimos un hijo y dejamos que se criara lejos, pero tanto yo, tu hijo, como el mío, volvimos al padre... Como dice Charo, la madre de Fer, «la genética ha triunfado una vez más». 
Sé dónde te escondes: allí donde se esconde el sol, entre los colores de las flores, esas que me pediste un día que te llevara cuando te murieras. No sé porqué, o sí, pero te empeñaste en repetirme que querías siempre flores frescas en tu nicho, y ya ves, ya no te fallo, lo único que me has pedido lo cumplo, y con alegría. No pasa un día que no vaya a ver tu nicho, siempre que no estoy en el este… Tó los días, y tú calladíto, pero sonriéndome desde un rincón, tan guapo, siempre elegante, como el gitano fino que nunca dejaste de ser; como buen sastre, el mejor de Londres. ¿Y sabes una cosa que nunca te dije? El día que me presenté en tu casa con mi Manuel, y vi que le dabas dos besos, supe que por fin había encontrado a mi amor. Él también te quiso desde ese mismo momento. No hiciste preguntas, estuviste encantador, alegre, nos preparaste la tortilla más rica que comimos nunca, con tomate y cebolla. Manuel siempre recuerda ese día e intenta conseguir hacer una que sepa igual y un día lo conseguiremos, cada vez nos acercamos más. No sé para que te lo cuento, pues tú lo ves todo a través de mis ojos, que son los tuyos, pero para que quede constancia de la realidad, lo escribo. Manuel sigue tus pasos, cuida de las Tierras como lo hacías tú, las ama todavía más que yo. Y Fer cada vez que viene aquí dice que siente que se le para el tiempo, y ama el flamenco desde la primera vez que vino aquí, él tiene también tus genes. ¿Y Manuel?… ¡Ha mutado! Oh!!! Bendita genética!!!
Y no olvides nunca que te esperamos to los días, pa mirarte y pa decirte, tantas cosas!!!

©Miguel Je  Febrero 2014

miércoles, 28 de agosto de 2013

Jugando con los recuerdos de mi infancia





«Cuarenta y cuatro años después y la vida sigue igual»

Si en el mes de mayo del año pasado me dijeras que iba a estar viviendo en la casa donde pasé mis primeros cuatro años de vida te diría que te habías vuelto loco, y si me lo hubieras pedido te hubiera dicho un «no» rotundo; pero ya ves, aquí estoy: feliz, decidido a quedarme y con una serena naturalidad, como si nunca hubiera tenido otro hogar. Una sencilla casa del siglo XIX que pasó de generación a generación hasta llegar a mí, más bien yo llegué a ella. Tú me dejaste aquí con apenas unos meses de vida en la misma casa en la que habías nacido y tú mismo me arrancaste engañándome cuatro años después para volver a dejarme a pocos kilómetros en aquella triste caserón en el que nací. Pero como queriendo arreglar lo que un día estropeaste me volviste a traer regalándomela aunque por ello diste tu último suspiro. Ya ves que vueltas da la vida. Me arrancas de un maravilloso paraíso para que conozca el mundo y cuando tú lo abandonas me atraes de nuevo al paraíso olvidado. Sigues siendo todo un misterio, pero conociéndome cada día un poco más, te conozco también a ti, porque para eso llevo tus genes. Es curioso que hayas tenido que morirte para que descubra que me querías como un buen padre debe de querer a su hijo pero al que nunca quiso conocer, o quizás me conocías demasiado por ser tan semejante a ti. Me río, eres increíble, me educaste por telepatía y encima me siento orgulloso de tu obra y como puedes ver la continúo con tu ayuda, con mis genes, con mi fuerza, con mi tremenda intuición y con ese gran amor del que ahora estoy seguro que en mis primeros días me entregaste.
¡No te rías! Ahora estoy cansado de la noche y no quiero perderme el amanecer, ya ves que es muy tarde ya, pasan de las cuatro así que ahora ilumíname pero dentro de mis sueños. 
See you again! Thank you by nothing, thank you by all. Thanks!!!

©Miguel Je 2012

miércoles, 21 de agosto de 2013

Los locos que el mundo no traga




«Los locos que el mundo no traga nos juntamos al amanecer, dando vueltas a un sueño probable, a un amor que no ha podido ser».

He cumplido 49 años y sigo masticando, masticando y masticando, quizás porque la digestión empieza en la boca; lo sé muy bien, y no sólo porque haya estudiado hace ya muchos años biología y que hubiera sacado una buena nota en «fisiología animal», lo sé sobretodo porque me he pasado la vida masticando para poder digerir, sin que me provocara otra úlcera, demasiados sucesos ocurridos a lo largo de tantos años ya. Por todo, he tenido que aprender a masticar muchas veces, no sólo los alimentos que ingiero sino también los incontables problemas que me han causado las relaciones con mis familiares más directos, para poder tragármelos sin que me produzcan una indigestión.  Este último cumpleaños ha sido maravilloso, el que más, pero también ha sido ligeramente trágico. Tiene que haber de todo para valorar mejor lo bueno.
Ahora que soy huérfano y que sólo me quedan mis hermanas y sobrinas como familiares más directos de sangre entiendo lo importante que eran mis padres para mi equilibrio emocional. Yo adoré siempre a mis dos hermanas y a sus hijas pero este último cumpleaños me abrió los ojos; será que estoy rozando el medio siglo y eso pesa, para bien, claro.
Fue mi segundo cumpleaños sin mis padres vivos y uno más, de tantos, sin todas ellas; y eso que las cinco están vivas. Unas por una cosa y otras por otra se limitaron a felicitarme por teléfono, pero hubo una que ni eso y otra que lo hizo por el «facebook», eso sí por mensaje privado. A ninguna se le ocurrió que uno de mis ansiados sueños era pasarlo con ellas, que conocieran de primera mano como me divierto, que se interesaran por conocerme, por conocernos, porque desde hace ya muchos años yo ya no estoy solo, también tengo una familia que me llena y me colma de felicidad. Ellas ni se lo imaginan lo felices que somos, pero… (siempre hay un pero) no estuvieron conmigo. En mi gran fiesta no faltó nadie verdaderamente importante en mi vida, salvo ellas; incluso mis amigos de facebook -otra gran familia- estuvieron conmigo en algún momento dedicándome un poco de su valioso tiempo con emotivas palabras que algunas me hicieron llorar de felicidad. Por no faltar no faltaron ni mis padres convertidos en dos exóticas mariposas inmensamente bonitas que se pusieron a revolotear a mi alrededor haciendo vuelos auténticamente acrobáticos, pero no estaban ellas; y eso duele, y mucho. Así que no me quedó más remedio que masticar una y otra vez mi enorme disgusto y tragármelo bebiendo de nuevo mis lágrimas aderezadas esta vez con azúcar y con miel, pero bailando con mis contados allegados y con las majestuosas mariposas, que eran ni más ni menos que mi padre y mi madre -al menos eso quise entender-. 
A la mierda disgustarme por eso, a la mierda se puede ir todo aquel que no me quiera. Yo no puedo pretender cambiar a las personas, puedo ofrecerles un ambiente mental positivo que propicie el cambio, pero no puedo hacerlo en su lugar. Cada persona está en el mundo para aprender sus propias lecciones, y si yo hiciese el examen por ellas, simplemente volverían a reproducir el tipo de situaciones que les permitirían aprender lo que necesitan. Lo único que puedo hacer es amarlas y dejarles ser como son, sabiendo que la verdad está siempre en su interior y que podrán cambiar en el momento en el que quieran hacerlo. 
Por ejemplo mi hermana mayor lleva más de una semana sin poder dormir y yo le pregunto si tiene alguna preocupación y me dice que no, que las de siempre, pero cuáles son las de siempre? Yo, la muerte de mis padres, sus hijas, la relación con su marido, el no haber hecho por mis padres lo que debería haber hecho, o sea: haberlos llevado a vivir a su casa y no haberlos ingresado en una residencia, el no haberme dado todavía (18 meses después de que hubieran muerto mis padres) la vajilla que mi madre repetía una y otra vez que era para su hijo, el haberse adueñado de la casa en la que crecí con mi madre nada más fallecer ellos sin dejar que yo pudiera hacer uso de ella mientras yo solucionaba los complicados trámites burocráticos del testamento ya que ella decía que no tenía la cabeza para esas «cosas», obligándome a recorrer cada día durante cinco meses 90 kilómetros con el consiguiente riesgo y afrontando el cansancio y los gastos que ello implicaba, y eso sin contar que tal decisión por su parte me obligaba a vivir en una casa en ruinas sin calefacción ni agua caliente… No lo sabe, no lo sé, realmente no sé si es algo de esto o es todo el conjunto o es quizás el hecho de sentir que ella fue la menos favorecida con la herencia. Pero realmente acaso ella necesitaba el dinero o la casa que tiene cerrada a cal y canto, que ni siquiera le importó que se murieran las plantas que tanto cuidó mi madre y luego mi padre cuando ella no pudo, yo le pedí un día algunas casi moribundas que conseguí salvar y que ahora están tan hermosas como si mi madre viviese. O acaso ella necesitaba unas fincas de las que no se ha hecho cargo y por las que no siente nada. Todo es una mierda. Aún recuerdo una vez que yo estuve ingresado y le pedí si podía ir a su casa al recibir el alta mientras terminaba de recuperarme y me dijo que tenía que consultarlo con su marido y al día siguiente me contestó que él había dicho que no. Qué soy su hermano, cojones!!! Qué le pedí ayuda y qué me la negó!!! A su hermano!!! Qué le avergüenza tener un hermano casado con otro hombre? Qué tiene un hermano que no quiso nunca conocer, qué no sabe ni lo que he hecho en la vida ni a que me dedico, no lo sabe ni quiere saberlo. Qué muy buenas palabras pero que sus hechos le delatan. Qué lloro un día sí y otro también cada vez que la echo de menos, qué ni siquiera se imagina que la quiero de verdad, que me preocupa su salud y su estado de ánimo, que deseo que sea feliz y que no me permite hacer nada por ella, sólo quiere poner tierra de por medio, que no se alegró de mi vuelta a Galicia, que nos vemos ahora menos que antes pero me sonríe cuando me ve, parece que lo pasa bien a nuestro lado pero le cuesta venir o invitarnos a su casa, siento que para ella soy una pesadilla. Eso debe de ser muy triste… Para mí lo es al menos. Coño, nunca me pregunta por nada importante de mi vida sólo por lo superfluo o por nada… Pero yo la llamo habitualmente, dos o tres veces por semana, porque lo necesito, a mí si me hace falta para mantener una buena salud mental, para no separarnos definitivamente. Nos invitó a pasar las Navidades en su casa y luego nos dijo que estaba enferma, y sería verdad pero con más motivo tendríamos que haber ido… En fin que si lo piensa tiene muchas razones por las que no dormir y ya no hablo de sus otros problemas más íntimos, Quizás se sienta culpable por haberse enfermado de pequeña y de que mis padres se arruinaran para poder curarla, teniendo que emigrar al extranjero para poder darnos estudios privándome a mí de criarme junto a ellos; pues precisamente esto no debería ni pasársele por la cabeza, sin embargo se lo escuché alguna vez, fíjate!!! En definitiva con estas palabras salidas de mi jodido corazón quiero zanjar o arreglar de una vez esta relación tortuosa para mí y peligrosa para ella. Quiero que piense si me necesita, si nos necesita y quiere ser una hermana como dios manda, cogiéndole prestada esta expresión «machaconamente» repetida por el actual presidente de gobierno o que «carallo» quiere? Creo que ni ella lo sabe.
Quiero saber qué pasó. He arreglado esta casa para que la usásemos todos, ella si tiene las llaves de mi casa. Quiero que este sea el último cumpleaños en el que lloro de impotencia. El anterior fue diferente y tampoco sé el porqué pero para eso escribo: para no olvidar, por eso me ayudará leer lo que escribí hace un año, así que aquí lo tengo ya y no voy a perder ni un segundo.

19 de Agosto del 2012
Desde hoy tengo 48 años. ¡Cuarenta y ocho! De repente fui consciente, mis manos asían con fuerza el mango de un artilugio rudimentario, muy antiguo pero a la vez tremendamente efectivo para limpiar la vieja moqueta de nuestro recientemente adoptado dormitorio en la preciosa casa heredada en otra ciudad, en otro país. Disfruto desde siempre de todo lo que hago, por más insignificante que sea o absolutamente intranscendente. Soy así, siempre lo he sido y doy gracias por seguir siéndolo a mis recién estrenados 48 años. Mi viejo iMac blanco amenizaba mi labor doméstica con la música de mi biblioteca iTunes, la banda sonora de toda mi vida. Las canciones me han acompañado desde muy niño, se lo debo a mi padre, a mi madre que de joven cantaba cada día y a mi tía Herminia que toda ella era música y armonía. No podría por tanto vivir sin música, sería como vivir en blanco y negro.
Pues... No prestaba atención al estar concentrado en dejar la moqueta perfecta, cuando de repente unas notas de piano acompañadas de unos acordes de guitarra española me paralizaron, y mi cuerpo se estremeció. El mundo se paró por un instante, mi reflejo en el viejo espejo del armario se fue nublando porque de mis ojos empezaron a caer lágrimas sin fin. Ray Heredia empezó a recitar y yo con él con una voz rota que me salía de las entrañas: «Esto va dedicado a todas las mujeres bellas de la vida que viven nuestras historias, nuestros momentos y nuestros lamentos». Entonces empezamos a cantar: «El infierno de tu gloria ha pasao por mí, ahora siento y pienso adentro: alegría de vivir» y yo no pude más pero él siguió: «…Alegría de vivir, cuando estás cerca de mí…». Yo lloraba cada segundo con más intensidad. Esta canción para mí significa mucho, me trae demasiados recuerdos y muchos sentimientos, sentimientos duros.
Este es un cumpleaños diferente, esta vez no estaba pendiente del teléfono, de hecho aquí no me hace falta y cuando necesito llamar todavía quedan cabinas públicas. Nadie iba a sorprenderme si no estaba a mi lado, y por primera vez en muchísimos años no tenía que esperar una llamada que nunca llegaría. A mi madre aún le gustaba menos hablar por teléfono que a mí, pero luego en la intimidad disfrutaba de la conversación, como yo. Hoy ya me han felicitado los dos, de ambos me acordé al despertarme porque había soñado con ellos y mirando en mi interior descubrí los regalos. Estaba tranquilo, sereno, feliz, acompañado por mi ángel (mi amor), sin prisa, sin preocupaciones… Tenía lo que siempre había soñado. Ahora que ya no están me siento más unido a ellos. Les siento presentes. Hablan por mis pensamientos. Los veo alegres, incluso orgullosos de mi vida y más de lo que estoy haciendo. A veces me miro en el espejo y le veo a él… Y me sonríe. Por eso cuando me vi en el espejo del armario, agarrado al mango del «limpiamoquetas» lloré. Lloré porque le vi a él feliz bailando al tiempo que limpiaba. A mi padre le he visto reír y bailar bastantes veces pero hace muchísimos años. No tuvieron una vida fácil, pero realmente todo lo hicieron por nosotros, sus hijos. Cumplieron su objetivo y se marcharon, no fuera a ser que nos dieran demasiado trabajo. Lloré, no de tristeza, la canción de Ray Heredia me llevó a ese punto concreto de sentimentalidad para poder ver y ser consciente de mi estado, de mi realidad. Lo que vi me enterneció, fue como si en cuestión de segundos mi vida se proyectara como una diapositiva, y lo que se ve transmite equilibrio, incluso belleza… ¡Aprobación! Esta sensación fue lo que me desencadenó el llanto.
Llanto por tener alegría de vivir, lágrimas por sentirme plenamente feliz. Satisfecho de haber dado un giro a mi vida, tranquilo por esta mudanza.

(c) Miguel Je 2013

1 comentario:

  1. Miguel me duele mucho verte pasar este tipo de trances, porque me identifico plenamente contigo, creo que no es un hecho ni casual ni aislado, la verdadera familia está en lugares insospechados, por eso, nunca me resultó especialmente difícil romper con quien nunca estuvo a mi lado, en este caso, mis cuatro hermanos y mi propia madre, a la que visito cada tres meses y que cuando estuve a punto de morir en el hospital cuando estuve con el infarto, no tuvo ni tiene ni tendrá la gallardía de irse a ver a su hijo mayor enfermo, que le pedí el mes pasado ayuda, ayuda para quedarme una habitación y evitarme pagar un alquiler que me cuesta horrores pagar, porque Uriel no trabaja y me dijo que... NO (y ya va la segunda negativa).- Por eso, descubrí mi felicidad y mi equilibrio emocional lejos de los que siempre han estado lejos.
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lunes, 6 de mayo de 2013

Ruth Nadal



«Todo lo que le desconcierta le estimula.»

A Ruth le gustaba sentarse sola en su habitación por la tarde, una habitación agradable que da al mar y se sumerge en el rojo de la sangre, con su uniforme de médico y las piernas, hermosas, descansando en los reposapiés de su silla de ruedas. Está inmersa en la lectura de una novela sobre un divorcio y un error. El sufrimiento de los personajes ficticios le provoca una sensación de tranquilidad. Como si ese sentimiento recayera sobre sus propios hombros. Es cierto que ella también ha cambiado, pero sin sentir ninguna humillación. Es una chica luchadora de edad indefinida, alegre, inteligente, melena al viento, pendientes, a veces se siente mucho más joven de lo que es. el mar pegado a su casa se filtra a través de la ventana y también en su cuerpo hay una especie de oleaje interior,seductor; que le insiste a escondidas,como si un niño le tirara ligeramente de la manga.
¿Que quiere el cuerpo de Ruth? ¿Otro juego? ¿Otro paseo? —Déjame descansar. Es tarde. Pero él sigue, persiste, insiste, no tiene límite.
Mira el reloj: —¿Ahora? ¿Salir? ¿A ver a Jesús? ¿Que he estado allí hace unas horas? Es tarde, es ridículo. Y aún estará allí esa chica, y además hay algo en ella extraño?

(c)Miguel Je Mayo 2013

viernes, 4 de enero de 2013

INALTERABLE


Foto: 
Eduardo Garcia (1998)
¿Se rige el destino de los hombres por alguna ley?


  A través de los años todo va cambiando, pero por alguna razón mis sueños, mis anhelos o mis deseos permanecen inalterables desde que tengo uso de razón. Aún no había cumplido cuatro años cuando a la pregunta, del sacerdote del pueblo (Don Marcelino), de qué quería ser cuando fuera grande, yo respondía sin dudarlo: —«¡De grande eu quero ser un tolo!».
  Por entonces el gallego era mi única lengua, pero no tardé mucho en ir a la escuela y aprender mi segundo idioma. El primer año fui víctima de las burlas de los compañeros por mis faltas al hablar castellano, pero aprendí rápido, y al siguiente curso ya había dejado la escuela del pueblo para ir a la capital, Bueno, era una pequeña capital de provincia donde los provincianos no eran tan diferentes de los pueblerinos, ni tan divertidos y libres como los aldeanos con los que me crié.
    Han pasado desde entonces más de cuarenta años, residí en varias ciudades, estudiando y trabajando en cada una de ellas, incluso viví durante años en la capital del país y en otras ciudades europeas para acabar instalándome, desde hace casi diez años, en un pueblo de la Comunidad Valenciana. Aquí tenía un bungalow desde Septiembre de 1997, mi refugio secreto, y  del que acabé haciendo un hogar cálido, repleto de  mucho amor.
    Formamos una familia nada convencional, una familia no reconocida por la iglesia católica pero sí por el Estado; somos dos hombres, unidos no sólo por un contrato matrimonial pues el amor que nos profesamos es la base de nuestra sólida unión. El hecho de que entre nosotros haya una diferencia de edad de veinticinco años también hace que a vista de los demás seamos una pareja singular. A nosotros esta realidad no nos crea ningún problema, puesto que nunca fue motivo de desentendimiento.
  Con nosotros viven dos gatitas tricolor, madre e hija: Sol y Luna; además tenemos un perro: Alí, una mezcla de pastor belga, foxterrier y mastín. Los cinco convivimos alegremente aunque somos Manuel, Alí y yo los que más tiempo pasamos juntos. Es un perro muy cariñoso y obediente salvo cuando se ciega porque su instinto supera su disciplina. Esto le ocurre cuando paseando se encuentra con otros de su especie y género, o ve alguna liebre, perdiz, zorro, o cualquier gato que no sean sus «hermanas». 
    A finales del año 1990 el amigo de mi mejor amigo, y con el que compartía apartamento en la calle Fuencarral de Madrid -la casa rosa-, tenía un don: predecir el futuro leyendo las manos o sintiéndolas, creo que las dos... Un día le sugerimos que nos tenía que leer el futuro, y al final lo hizo después de rogarle insistentemente; primero con Jose, al que le dijo únicamente que nunca le faltaría el dinero, y no quiso decirle nada más, alguna excusa puso que no consigo recordar. Efectivamente Fernando no se equivocó, pues Jose se murió al año siguiente en Santiago, y por supuesto, con dinero de sobra. Conmigo pasó un buen rato, y qué pena no tener grabado todo lo que me dijo. Pero de todas sus revelaciones, la que más me impresionó fue, que alrededor de los cuarenta años me retiraría a un lugar en el Mediterráneo y viviría bastante aislado, pero en pareja, Me veía escribiendo... Y eso es la realidad que estoy viviendo! 
 Según Armand Toulouse, «la trayectoria de un astro es pura matemática pero el destino de las personas no se rige por ninguna ley», yo no sé qué pensar; puede que no se rija por ninguna ley... pero ninguna ley aún conocida. Sí creo que hay algo que lo dirige. Jostein Gaarder dice, en su novela El Misterio del Solitario, que «el destino es una serpiente tan hambrienta que se devora a si misma», y luego que «el destino es una coliflor que crece por igual en todas sus direcciones». 
¿No crees que el destino se escribe día a día? Somos dueños de el, pero a veces también esclavos...
(c)Miguel Je

miércoles, 1 de febrero de 2012

BUENAS INTENCIONES


«No soy como ellos pero puedo aparentarlo
El sol se ha puesto pero tengo una luz
El día se ha acabado pero me estoy divirtiendo
Creo que soy tonto o quizá sólo sea feliz
Creo que soy feliz …»

Años después de haber sido sido editado ayer volví a comprarlo y no puedo dejar de escucharlo. Si estoy fuera de casa me sorprendo tarareando alguna de sus diez canciones, ahora mismo ha comenzado a sonar la ocho: “Deus”, tiene un no sé qué que me hace sentir como cuando tenía veinte años, me recuerda a un íntimo concierto en una de las noches compostelanas... Uhm, mi época en Santiago… Cierro los ojos mientras mis rodillas siguen el ritmo de una de mis favoritas del «Life's too you» de  The Sugar Cubes, siento como si intentara recordar una película, el recuerdo es misteriosamente como el de una película gastada, incluso en blanco y negro, pero sugerentemente erótica y sexual, muy excitante. Fueron, sin embargo, unos años que no cambiaría por nada, fueron esos años curiosamente donde sentí la alegría de la libertad por primera vez y por tanto un grato sentimiento asociado que ha quedado grabado en mi memoria. Me recuerdo, sobretodo, ilusionado; esperándolo todo de la vida, seguro de que estaba haciendo lo correcto y repleto de buenas intenciones. Éramos capaces de soñar en un bar tan frío como la piedra de sus paredes, estoy pensando concretamente en el Modus Vivendi. De qué manera pueden permanecer todavía en mi recuerdo tantas noches consumidas en lo que antaño había sido un establo, tan recio que aún conservaba los grandes comederos de granito reconvertidos en mesas sobre las que reposaban nuestras bebidas mientras divagábamos sobre el futuro, un futuro que ya se hizo presente sin que nadie de mis amores de entonces me acompañe. Sé lo que ha sido de Charo, mi primer y gran amor: felizmente casada, con dos maravillosos hijos y abogada. Ella trabaja de funcionaria interina en un juzgado del Ferrol y vive en la nostálgica ciudad de La Coruña. De igual manera sé lo que fue de otros de mis grandes amores: Manolo Allué, viviendo entre su adorada Tarragona y Nueva York siguiendo relacionado como siempre con el arte contemporáneo: pintando y vendiendo. Añoro de manera especial que ellos no sientan la misma necesidad de saber de mí. Curiosamente fue en el minúsculo aseo del Modus donde Allué me dio a probar mi primera raya de cocaina allá por el invierno del 86, hace ya casi veinticinco años. Será por esa agradable experiencia el motivo por el que muy de vez en cuando rememoro aquella ceremonia profana aspirando ese polvo blanco hasta la mitad del cerebro. 
Recuerdo con especial ternura una noche en la que lloraba en la cama calentitos, acurrucado junto a mi niña, de pura felicidad, me sentía inmensamente querido por ella y por Manolo, ellos dos eran todo lo que necesitaba. Un día me vi en la tesitura de elegir entre ambos y a pesar del mucho dolor que me produjo y de lo maravilloso que me las prometía Allué me decanté por Charo, les quería a los dos pero (yo y los peros) él me había dado un ultimatum y eso no me gustó ni un ápice, así que volví a A Coruña corriendo -bueno, en tren- con mi «gominolita». Ay, mi niña, lo que te echo de menos!!! A ti y a Fernandito, porque lo considero también parte de mí. Tú me lo diste todo, y yo casi, todo lo que era capaz de darte, por darte te di también lo malo y millones de disgustos, pero ahí estabas, siempre dispuesta  a comprenderme, siempre adorándome, yo también lo hacía y lo sigo haciendo, aunque no te lo imagines; no me hace falta. ¡Cuántas veces hablo contigo! ¡Cuántas veces te escribo! No me olvido nunca de nuestras fechas: el día de nuestro primer gran beso, un catorce de Abril después de salir, precisamente, del Modus. Sí, nos besamos, nos dimos la mano y nunca te la solté, yo nunca me separé de ti y tú… Bueno, tú, tú sí porque yo te apretaba tanto que te hacía daño, pero siento tus caricias, sé que alguna vez me sigues acariciando. ¿Cómo lo sé te preguntarías? Pues muy sencillo, siempre pienso que con tu poder y el de tu madre, y el de Allué y quizás el de Fernando os encargasteis de hacer que en mi vida apareciera una persona que lo tuviese todo para llenarme. Es igual que tú con pinceladas de Manolo, que se encargó de que tuviera unos ojos azul mediterráneo -era muy bueno haciendo colores- y  ¡tanta sabiduría! No me queda más remedio que admirarle. Lo tiene todo: tu bondad, vuestra belleza interior, tu capacidad de amar y soportar mis manías si límite… Es mi amante, mi amigo y mi marido. 
En fin, que la vida se encargó de que los tres tomáramos un día caminos diferentes y así vivimos, cada uno en un extremo del país. Charo mirando al Atlántico y los chicos a la vera del Mediterráneo, más cerca de aquel sueño de poner un chiringuito en su orilla. 
Unos años vividos en Compostela en los que estudié Biología, pero por encima de todo aprendí a vivir y a disfrutar con la vida. Era la persona más risueña de la ciudad, a veces aún sigo sonriendo pero no tan alegremente. Santiago no llegó a borrarme la sonrisa pero Madrid sí lo consiguió, allí se me heló el corazón; claro, por eso ahora vivo junto al Mediterráneo, esperando el deshielo.
Las buenas intenciones surgidas y alimentadas en Santiago se fueron perdiendo en Madrid donde a la fuerza me hice adulto. Todavía tengo miedo y ese miedo es el que me impide disfrutar plenamente de la estupenda vida que tengo, incluso a veces pienso que no hice tanto como para merecérmela, pero es lo que tengo y soy casi feliz, por aquello de dejar la posibilidad de mejora.
(c)Miguel Je 2012

martes, 31 de enero de 2012

SEXO Y SOLEDAD


  





«Hacer el amor produce una satisfacción menos efímera que follar.»

En innumerables ocasiones paliamos el sufrimiento que nos produce el sentimiento de soledad zambuyéndonos de lleno en el sexo puro y duro. Todos hemos comprobado alguna vez que en cuanto llegamos al orgasmo aparece un vacío tan grande y difícil de reparar que hace que nos lanzemos inmediatamente a otra aventura, equivocándonos de remedio e incrementando aún más el sentimiento de soledad. La soledad no se cura con sexo y sí con la ternura de la amistad, en definitiva se cura con amor. Pero cierto es que en alguna que otra ocasión el amor pudo haber surgido del sexo más crudo. Si la soledad se cura con amor amándonos a nosotros mismos también podemos curarnos. Queriéndonos día a día un poco más acabaremos por encontrar a alguien con quien compartir nuestro amor. El sexo con amor es algo sublime, es de los mayores placeres que los hombres podemos saborear. El incremento de energía que se experimenta al hacer el amor es algo increíble por eso cuando no estamos enamorados buscamos el sexo equivocadamente para sentirnos mejor en vez de buscar el amor.
Cuando amamos y nos sentimos correspondidos nos sentimos con fuerza para afrontar cualquier contratiempo, desaparece de nosotros el miedo. De todos modos el amor debe empezar siempre por uno mismo.
Recuerdo épocas en las que la soledad era tan patente en mi vida que buscaba en el sexo una salida y llegué a volverme un adicto. El sexo puede también ser una droga en la que nos refugiamos en momentos de baja energía convirtiéndonos en adictos y como tal llegamos a ser enfermos llegando a rechazar incluso el amor. Un adicto al sexo vive más cómodamente en soledad, es normal que se ayude de otras drogas para poder tener un mayor número de contactos placenteros, suelen ser drogas que influyen en la resistencia y en la desinhibición. Como toda adicción produce un desequilibrio en la persona que le puede llevar a descubrir facetas de la personalidad desconocidas hasta entonces. Toda persona en su sano juicio que pase por este proceso intuye que hay algo que no funciona pero es probable que no logre salir de ese círculo por si misma. El primer paso para vencer el estado de enfermedad es darse cuenta de que el camino que estamos siguiendo no es el que deseábamos. 
Vivir sin adicciones y con amor es lo que deberíamos desear alcanzar, vivir en equilibrio es lo que yo quiero para mí.
©Miguel Je 2012

martes, 17 de enero de 2012

GRACIAS




«Sereno ante la puerta qué algún día traspasaré, porque ya sé vencer al destino.»


Hace apenas unos días, y por un muy desagradable motivo, tuvimos que emprender un viaje atravesando el país de Este a Oeste. Una noche para ir y otra para volver y entre ellas, tres días en Galicia, concretamente en Lugo. Mucho tiempo para pensar, para observar y para experimentar nuevos sentimientos provocados por situaciones no vividas con anterioridad. Ahora empiezo a sedimentar todo lo ocurrido en las primeras semanas del nuevo año. Me llama la atención haber comprobado que Galicia sigue siendo diferente, en concreto sus gentes, la solidaridad que persiste en sus pueblos, es como si ellos no hubieran perdido todavía ni una pizca de humanidad. Habrá de todo, como en todas partes, pero cierto es que sólo he visto en todas las personas con las que he tratado ternura, solidaridad y apoyo. Lo mismo he percibido entre mis pocos amigos de aquí, en el Este y entre mis amigos «facebookeros». ¡Gracias a todos!

Ya desde hace mucho soy consciente de que la vida puede pegar un giro en un segundo y sin previo aviso. Da igual que todo se intente hacer bien y que pongamos todos nuestros sentidos en aquello que hacemos siempre puede escapársenos algo a nuestro control. Pero del mismo modo también sé que el ser humano es capaz de soportar todos estos «giros inesperados»; somos capaces de levantarnos ante una gran caída o de soportar dolores impensables. Tampoco me olvido de que somos seres sociables. Cuando algo va mal, la ayuda de los demás nos hace más llevaderos los reveses. Todo compartido resulta más fácil.

En todos estos días ni por un momento me sentí solo ante la desgracia que supone el perder a un ser querido y allegado como lo era mi madre, y encima de la manera que sucedió, convirtiéndose en una tragedia antes ya del terrible desenlace. Es jodido aceptar que tu propia madre se haya muerto de hipotermia en pleno siglo XXI donde se supone que la tecnología lo puede todo y a pesar de llevar un móvil en el bolso no fue posible localizar la señal más concretamente. En pleno centro de la ciudad y por culpa de un resbalón en una pequeña rampa que termina en unos arbustos que disimulan un pequeño terraplén de poco más de dos metros (insuficiente protección, los arbustos, para esos peligrosos metros y más si se tiene en cuenta que esa rampa limita con un pequeño parque infantil con diversos juegos) cayó sobre las zarzas que tapizaban la base, pero al querer incorporarse y por la oscuridad de la noche se apoyó en la valla que delimitaba una obra contigua sin percatarse de que esta tenía un agujero (por no llegar unas cuantas tablas hasta la base) colándose por el, cayendo a los cimientos de hormigón del edificio en construcción. Por mucho que gritara, si es que tuvo fuerzas para hacerlo, nadie pasaba por allí a esa horas, es invierno. Seguramente se fue durmiendo y el intenso frío de ese noche no le permitió ver ni siquiera el amanecer.

Desde el último día del año y hasta el mediodía del diez de enero estuvo desaparecida, siendo descubierta por casualidad, puesto que la obra se paró por las «fiestas navideñas» y aún no se había reiniciado. Pero esa mañana un obrero fue a buscar una herramienta y desde las alturas en la parte ya levantada la vio. Durante esos días la buscaron por toda la ciudad, centrándose más al principio en un área exterior marcada por la señal de su móvil. En ese mismo lugar mis hermanas y sobrinas pasaron varias veces llamando al móvil y no escucharon nada, tampoco repararon en la obra al verla toda vallada con tablones de madera desde el suelo cerrando todo el perímetro. Toda una serie de pasos desgraciados que llevaron al inevitable desenlace.

La última vez que hablamos, no sé el porqué, ella sacó el tema de la muerte y nos comentó que estaba preparada para ese trance aunque no tenía ninguna prisa. Simplemente era realista y decía que lo tenía todo preparado «por si acaso», una expresión muy suya. Había cumplido el cuatro de Noviembre ochenta y dos años y también curiosamente fue la primera vez que olvidé su cumpleaños. Pensaba ir a verla en Navidad pero por ciertos problemas decidí dejarlo para más adelante, todo iba bien… Así fue, pero por desgracia demasiado tarde. Ella quería morirse de golpe, dormir y no despertar, incluso dijo que de un accidente, y no era para no sufrir era para no hacernos pasar una agonía retrasando lo inevitable. Pues sí, se murió de un trágico accidente, bueno todos lo son, pero para nosotros fue una larga agonía. Su carita tenía una expresión de paz; por lo que creo que haber podido verla, a pesar de llevar doce días sin vida y estar sin maquillar, me tranquilizó. Esa angelical expresión sin un ápice de sufrimiento me llenó de paz.

Hay que tener cuidado con lo que se desea pues se te puede conceder, pero hemos de tener en cuenta que puede que el proceso para alcanzarlo no nos guste tanto.

Quería que la enterraran cuanto antes, quería una sencilla ceremonia sin coronas ni flores (y eso que las flores siempre le encantaron). Ella decía: — «las flores las quiero en vida». Odiaba las coronas y las caja fúnebres. Pues allí estaba ella en una típica caja y rodeada de coronas y ramos de muertos con sus tétricas cintas y sus típicos lemas… Yo también odio todo esto. Quería el nicho de arriba, pues fue al de abajo aunque decía que ese era muy húmedo. Decía que con un cura tenía de sobra, pues tuvo seis. Plañideras sí que no hicieron falta pues todos llorábamos, unos por dentro y otros exteriorizando sin pudor el sentimiento de pena.

Yo no pienso elucubrar con mi muerte, que sea cuando y como sea, que hagan conmigo lo que les de la gana. Qué más me da, si al final es lo que pasa. Hay quien pide que su funeral sea una fiesta pero luego a sus allegados no les sale, y a tus enemigos ya la iban a hacer! Yo también soy de los que quieren flores en vida pero lo dicho, qué más da ya. Ella en apenas dos horas que duró el evento se quedó sola, tan solo las puñeteras flores la acompañaban, a ella y a todos sus demás vecinos. Yo también me fui, pero antes de regresar al este, al día siguiente, fuimos a despedirnos y no sé porqué le robé una rosa blanca. De repente me sentí como cuando le sisaba de la cartera para comprar cigarrillos. Seguro que le hizo gracia, yo también sonreí. ¡Siempre fuimos muy cómplices!

miércoles, 4 de enero de 2012

SIN NOTICIAS DE MI MADRE



«Las personas no son sino simples espejos donde poder reflejar tu alegría o tu tristeza.
A ti te toca elegir.»

Nunca he tenido dificultad para escribir sobre mis sentimientos ante la vida. Pienso, incluso, en el beneficio que me ha producido hasta ahora la afición a relatar mis experiencias regularmente desde antes incluso de la adolescencia. Sin embargo hoy soy consciente de que todavía tengo problemas al enfrentarme a una hoja en blanco para «hablar» de mi familia más directa, dejo pasar minutos y minutos sin lograr que salga ni una «hormiga». De pequeño decía que los libros estaban llenos de hormigas, de pequeño decían que tenía demasiada imaginación. Mi madre era, precisamente la que más se quejaba de mi exceso de imaginación, pero también se quejaba de mis ocurrencias que siempre acababan en desastres para ella. Nos hemos querido mucho, pero también odiado. Crecí a su lado y pasados los dieciocho nos separamos. Ahora son muchos más los años separados, pero siempre con visitas y contacto telefónico, y antes alguna que otra carta. Nos vimos por última vez en Abril, estaba aparentemente feliz pero noté menos fuerza en sus ojos... ¡La edad, qué acaba por hacer mella! Fue una mujer que no eligió en ningún momento el camino fácil, se saltó las normas desde muy joven casándose antes de cumplir los dieciocho con un chico mayor que ella al que mi abuelo nunca llegó a tragar. Dejó el pueblo y montaron un negocio pero los contratiempos hicieron que un día lo dejara todo para irse a trabajar a Londres ella sola, en aquellos tiempos, en el sesenta y cuatro, yo tenía tres meses de vida y me quedé con mi padre y mis dos hermanas... Es una mujer moderna, siempre lo fue, siempre consiguió lo que se proponía, nunca ha dejado de ser la protagonista, y ahora lo es más que nunca. Ha sido capaz de hacerme experimentar la más dura y extraña sensación. La experiencia de ver su foto en un telediario, de tocarla en la portada del periódico de su ciudad, no sé si seré capaz de describirla. La primera vez, en el informativo de LaSexta, no pude contener las lágrimas; un escalofrío me recorrió el cuerpo como si de un relámpago se tratara y empecé a tiritar. Soy conocedor de su desaparición desde el último día del año, casi veinticuatro horas desde que se le echó en falta, pero a pesar de ello verla en la TV como protagonista de una noticia de sucesos impacta y me hace recordar todas las veces que viví noticias parecidas e imaginaba cómo lo estarían pasando sus seres queridos, pues ya no tengo que imaginar más, ya conozco lo que se siente pero no sé si sabré describirlo. Cuando tuve conocimiento por mi sobrina Patricia de lo ocurrido me desmoroné pero cuando vi la noticia en el informativo algo se rompió en mi interior más íntimo, diría que en el alma, no de golpe, lentamente. Me quedé poco a poco sin energía, como una rueda que se pincha pero sigue rodando cada vez más despacio hasta que se para quedando aplastada contra el asfalto. Me quedé frío, y un profundo sentimiento de tristeza totalmente nuevo y diferente, nada que ver con la tristeza que yo conocía, ni mejor ni peor, simplemente desconocida.
Desapareció la tarde del día 30 de Diciembre, en Lugo, en la residencia de ancianos de San Roque, lloviznaba. A día de hoy no hay todavía ningún rastro, sigue lloviendo en Lugo desde entonces, pero su teléfono siguió dando señal hasta ayer. Posiblemente uno de estos días luzca el sol, incluso mañana. Tiene 82 años, está bien, al menos lo estaba hasta ese día, pero caminaba ayudándose de un bastón, vamos, bien, pero no para echar a correr, buenas condiciones mentales, quizás no excelentes porque quién las tiene excelentes incluso con mucha menos edad en el mundo que vivimos.
Mi cabeza hecha humo de tanta actividad. Mil suposiciones, intento utilizar su lógica, ponerme en su pellejo, meterme en su realidad asimilando como propios sus muchos cambios en el último año. Dejó su casa para irse a una residencia. Sí, se ha ido con mi padre pero no deja de haber sido un gran golpe. Mucho tiempo para repasar su vida, su realidad, sus metas cumplidas, sus fracasos, sus éxitos, sus problemas de salud, los de mi padre, sus hijos…
Esa día, según mi padre, se había pasado la mañana probándose ropa y joyas, nunca dejó de ser coqueta salvo en épocas de depresión, le pidió pinturas y barra de labios que le trajo en poco tiempo. No le dio demasiada importancia. Yo sí se la doy, a mi me parece que pretendía ir a algún sitio, quizás algún viaje, pienso incluso que tuviera planeado venir a verme. Puede que estuvieran enfadados por alguna reciente discusión, la convivencia, ya se sabe, y en un lugar así pienso que todavía es más difícil. Puede que estuviera harta de vivir en la Residencia en la que no llevaba ni un año, eran sus primeras navidades fuera de su casa en toda una vida. Puede que tantas cosas… Pero seguía teniendo su casa, de hecho se llevó las llaves, o las de sus hijas, o la mía, o la de mi abuelo donde ella nació, junto al río Miño. ¿Por qué se ha ido sin decir nada? Puede haber perdido de repente la razón, puede que estuviera enfadada con todos y nos quisiera dar un escarmiento. ¡OHHH! Pueden ser tantas cosas. Todo suposiciones. No pienso todavía en que le haya pasado nada malo aunque también sé que se puede dar. Es raro que no la hayan encontrado en seis días ya, nadie la ha visto, la conocen pero hace días que no la ven.
En mi familia empiezan pensar en lo peor, pero yo siento que está bien. La siento feliz y más rebelde que nunca, pero ¿dónde?